Sé que si no dejo este post voy a recibir mensajes preguntándome cómo es que no he escrito nada. De hecho, ya he recibido dos en mi correo y curiosamente de una persona que me resultaba desconocida y otra de la que yo no conocía su faceta de lector del blog.
En fin, que mejor me explico.
Desde hace ya unos cuantos días no he escrito nada más que tres textos. El resto de lo publicado era anterior. No me apetece ponerme a contar cosas, me falta motivación. He comenzado algo así como media docena de comentarios diferentes y los tengo todos a medias, en el ordenador de casa. Cuando llevo un rato escribiendo siento la necesidad de ponerme a otra cosa, de intentar arreglar la conexión a Internet (porque el ADSL sigue sin funcionar), o a leer la prensa atrasada que me queda aún pendiente. No consigo centrarme.
Y en esas sigo. Pero que no pasa nada grave.
jueves, 22 de enero de 2009
miércoles, 21 de enero de 2009
Venir en familia
No sé si estoy repitiendo un post ya colgado antes. Creo que no, que se me quedó en el ordenador y ahora, en Navidades, es buen momento para utilizarlo. En fin, voy con ello.
Uno de los temas recurrentes en los correos que recibo de lectores del blog es el del profesional al que le ofrecen un puesto de trabajo en Argelia y está dudando si aceptarlo o no. En ocasiones me preguntan en abstracto, con muy pocos datos adicionales, qué decisión tomaría yo, sin darse cuenta que la decisión depende más de los factores personales que de los generales de este destino llamado Argelia.
Como siempre trato de responder a las preguntas que no son exageradamente generales, me meto con excesiva frecuencia en camisas de once varas y filosofo sobre inquietudes personales y profesionales, posibilidades salariales (porque lo de “me ofrecen cinco mil al mes, ¿está ajustado a ese mercado?" también existe), alternativas de ocio, viajes a casa y riesgos familiares.
En este último capítulo, el familiar, sigo pensando que para una persona relativamente joven y con familia es mejor no aceptar el puesto si no pueden venir los dos. De la misma forma que la estancia en Argelia se le hace bastante dura a quienes se alejan de los suyos para trabajar y sólo se pueden comunicar por teléfono o Internet, la tensión de la vida cotidiana argelina encuentra su sosiego dentro de la familia y se suele llevar bastante bien la estancia cuando se cuenta con un hogar que haga las veces de tal.
Personalmente me reafirmo en mi planteamiento personal de que si estuviera casado no vendría a Argelia si mi familia no puede estar conmigo. Lo tengo clarísimo.
Uno de los temas recurrentes en los correos que recibo de lectores del blog es el del profesional al que le ofrecen un puesto de trabajo en Argelia y está dudando si aceptarlo o no. En ocasiones me preguntan en abstracto, con muy pocos datos adicionales, qué decisión tomaría yo, sin darse cuenta que la decisión depende más de los factores personales que de los generales de este destino llamado Argelia.
Como siempre trato de responder a las preguntas que no son exageradamente generales, me meto con excesiva frecuencia en camisas de once varas y filosofo sobre inquietudes personales y profesionales, posibilidades salariales (porque lo de “me ofrecen cinco mil al mes, ¿está ajustado a ese mercado?" también existe), alternativas de ocio, viajes a casa y riesgos familiares.
En este último capítulo, el familiar, sigo pensando que para una persona relativamente joven y con familia es mejor no aceptar el puesto si no pueden venir los dos. De la misma forma que la estancia en Argelia se le hace bastante dura a quienes se alejan de los suyos para trabajar y sólo se pueden comunicar por teléfono o Internet, la tensión de la vida cotidiana argelina encuentra su sosiego dentro de la familia y se suele llevar bastante bien la estancia cuando se cuenta con un hogar que haga las veces de tal.
Personalmente me reafirmo en mi planteamiento personal de que si estuviera casado no vendría a Argelia si mi familia no puede estar conmigo. Lo tengo clarísimo.
martes, 20 de enero de 2009
Armas químicas
Un amigo me ha enviado la información adelantada ayer lunes por el Washington Post y que se publica en su edición de hoy martes, 20 de enero.
http://www.washingtontimes.com/news/2009/jan/19/al-qaeda-bungles-arms-experiment/
Desconozco si es verdad y hasta qué punto de serlo supone una amenaza más o menos inminente para quienes vivimos cerca. Si un accidente de este tipo mata a 40 personas, ¿hasta qué punto puede propagar una enfermedad en la región?
La prensa local sí se ha hecho eco de lo que llaman peste negra. Pero toman la información de The Sun, refiriéndose a que este brote de peste bubónica puede deberse a contagio de ratas a través de los mosquitos, nunca a experimentos con armas químicas, como ahora indican los servicios secretos norteamericanos.
http://www.washingtontimes.com/news/2009/jan/19/al-qaeda-bungles-arms-experiment/
Desconozco si es verdad y hasta qué punto de serlo supone una amenaza más o menos inminente para quienes vivimos cerca. Si un accidente de este tipo mata a 40 personas, ¿hasta qué punto puede propagar una enfermedad en la región?
La prensa local sí se ha hecho eco de lo que llaman peste negra. Pero toman la información de The Sun, refiriéndose a que este brote de peste bubónica puede deberse a contagio de ratas a través de los mosquitos, nunca a experimentos con armas químicas, como ahora indican los servicios secretos norteamericanos.
lunes, 19 de enero de 2009
On a diet
He vuelto a hacer régimen para adelgazar.
Quienes me conocen y me siguen hace tiempo saben que hace casi dos años empecé a perder peso. En una primera fase, durísima, logré dejarme 19 kilos. Fue justo antes de venir a trabajar a Argel. Luego, en noviembre de 2007, encontré motivación para seguir acerándome a mi peso ideal en la competición con una compñaera de trabajo, que lo hizo por amistad. Cuando esa amistad se demostró falsa, en un episodio que prefiero no recordar, obtuve el apoyo de mi buen amigo Jon, que necesitaba perder peso tanto como yo. Así bajé hasta los 74 kilos en un momento determinado.
Desde el mes de mayo del año pasado he ido dando tumbos y no contaba con la fortaleza mental necesaria para someterse a una dieta, de modo que decidí olvidarme de mi balanza y no limitar ni mis dosis de comida ni su variedad. Me pesé alguna que otra vez, para constatar que estaba por encima de los 80 kilos.
A la vuelta de las vacacioens de Navidad comprobé que buea parte de mi vestuario se me había quedado estrecho. Entonces decidí controlarme un poco, aunque sin someterme a una dieta. Eso lo dejaba para el fin del período de vacaciones.
Y ya ha llegado. Este sábado me pesé en la farmacia de la terminal 4 del aeropuerto de Barajas. ¿Veredicto? 83,5 kilos. A partir de ahí, tengo que perder el peso que me sobra.
He decidido colocar el listón muy alto, altísimo. O más bien debería decir que bajísimo, porque mi objetivo final es llegar a pesar 69 kilos a finales de año. De forma intermedia, en lo que queda de enero debo bajar hasta los 81 y a partir de ahí perder medio kilo cada semana, hasta los 75 al comienzo de la primavera. Luego, ya, intentaré bajar a razón de un kilo por mes.
Como para estas cosas siempre necesito motivación extra, aliados, decidí publicarlo en el blog. Y he tenido la suerte de que otros dos amigos se decidan a hacer caso al médico y empiecen su régimen en estos días. Como él lo publicará en su blog (http://www.niretzat.com), haré alguna que otra referencia periódica.
Quienes me conocen y me siguen hace tiempo saben que hace casi dos años empecé a perder peso. En una primera fase, durísima, logré dejarme 19 kilos. Fue justo antes de venir a trabajar a Argel. Luego, en noviembre de 2007, encontré motivación para seguir acerándome a mi peso ideal en la competición con una compñaera de trabajo, que lo hizo por amistad. Cuando esa amistad se demostró falsa, en un episodio que prefiero no recordar, obtuve el apoyo de mi buen amigo Jon, que necesitaba perder peso tanto como yo. Así bajé hasta los 74 kilos en un momento determinado.
Desde el mes de mayo del año pasado he ido dando tumbos y no contaba con la fortaleza mental necesaria para someterse a una dieta, de modo que decidí olvidarme de mi balanza y no limitar ni mis dosis de comida ni su variedad. Me pesé alguna que otra vez, para constatar que estaba por encima de los 80 kilos.
A la vuelta de las vacacioens de Navidad comprobé que buea parte de mi vestuario se me había quedado estrecho. Entonces decidí controlarme un poco, aunque sin someterme a una dieta. Eso lo dejaba para el fin del período de vacaciones.
Y ya ha llegado. Este sábado me pesé en la farmacia de la terminal 4 del aeropuerto de Barajas. ¿Veredicto? 83,5 kilos. A partir de ahí, tengo que perder el peso que me sobra.
He decidido colocar el listón muy alto, altísimo. O más bien debería decir que bajísimo, porque mi objetivo final es llegar a pesar 69 kilos a finales de año. De forma intermedia, en lo que queda de enero debo bajar hasta los 81 y a partir de ahí perder medio kilo cada semana, hasta los 75 al comienzo de la primavera. Luego, ya, intentaré bajar a razón de un kilo por mes.
Como para estas cosas siempre necesito motivación extra, aliados, decidí publicarlo en el blog. Y he tenido la suerte de que otros dos amigos se decidan a hacer caso al médico y empiecen su régimen en estos días. Como él lo publicará en su blog (http://www.niretzat.com), haré alguna que otra referencia periódica.
domingo, 18 de enero de 2009
A cuenta de las cucarachas
Varias de las notas que he dejado últimamente han dado más juego del habitual. Como he estado ausente apenas he podido durante unos días leer los comentarios que me iban dejando, pero sin contestar. A ello he dedicado las últimas horas y he plagado de comentarios míos las notas de los últimos días.
Hay uno, sobre los insecticidas, cuya repercusión me ha sorprendido y creo que merece un tratamiento diferente. Prometía contar hoy mi anécdota con las cucarachas en lo que yo denominaba "mi primera vez". Aclaro para los amantes de relatos eróticos que me refiero a la primera vez que vine a Argelia.
Corría el año 1993. Aquel 16 de abril mis padres me acompañaron al aeropuerto de Sondika en Bilbao, donde embarqué para Barcelona. Después debería tomar otros dos aviones, uno a Argel y otro a Annaba, el destino final de mi trabajo en Argelia. Mis maletas iban facturadas hasta destino final y nadie me dijo que eso no funciona en Argelia, que todas las maletas salen por la cinta de equipajes del aeropuerto internacional yque el pasajero debe llevarlas consigo hasta el nacional.
No recuerdo gran cosa de mi viaje a Barcelona, nos dijeron que sobrevolábamos Pamplona y Zaragoza, pero yo no fui capaz de distinguir entre las nubes ninguna de las dos ciudades.
Tras siete largas horas de escala en el aeropuerto de El Prat, en Barcelona, embarqué con Air Algerie en el vuelo que por primera vez en mi vida me llevaba a Argel. Yo había seleccionado, como hago siempre, asiento de pasillo. A mi lado viajaba sentado un señor de unos cincuenta y muchos años, leyendo un periódico en francés. Cuando llegó el momento de la comida (Air Algérie sigue sirviendo comidas en sus vuelos, dicho sea de paso) le ayudé con su bandeja e iniciamos una conversación. Era un ciudadano francés que había participado unos meses en la guerra de independencia del país como soldado francés, durante su servicio militar. No tenía especial cariño a los argelinos, algo que a mí resultó chocante, porque su sustento económico dependía de esa gente que despreciaba.
Cuando le conté a mi compañero de viaje que mi destino final era Annaba me advirtió de que se trataba de un nido de cucarachas infesto. Me contó que en una ocasión estaba en una habitación de hotel y le sorprendió que el papel pintado estuviese decorado de manera abstracta. Pero al cabo de un rato sintió que la decoración parecía moverse. Era, según me explicó, una pared completa llena de cucarachas.
En mis primeros días en Annaba vivía con verdadero pánico la posibilidad de tener que enfrentarme una noche a una invasión de centenares de cucarachas. Pero no ocurrió jamás, afortunadamente. No obstante, sí tuve que hacer frente a un episodio muy desagradable que ya conté aquí. Llegué a hacer las maletas para volverme a mi casa. Supongo que de no haber mediado la mediación de Alberto, un compañero de trabajo de aquellos años, que me convenció para mudarme a su piso, mi aventura argelino habría terminado alí.
No soporto convivir con insectos. Es lo que peor llevo cada vez que tiro de tienda de campaña y saco de dormir. Respeto la opinión de los demás, pero yo simplemente pongo los medios para que cada uno se mantenga en su espacio.
Hoy no inserto ninguna fotografía, para alivio de una compañera y amiga.
Hay uno, sobre los insecticidas, cuya repercusión me ha sorprendido y creo que merece un tratamiento diferente. Prometía contar hoy mi anécdota con las cucarachas en lo que yo denominaba "mi primera vez". Aclaro para los amantes de relatos eróticos que me refiero a la primera vez que vine a Argelia.
Corría el año 1993. Aquel 16 de abril mis padres me acompañaron al aeropuerto de Sondika en Bilbao, donde embarqué para Barcelona. Después debería tomar otros dos aviones, uno a Argel y otro a Annaba, el destino final de mi trabajo en Argelia. Mis maletas iban facturadas hasta destino final y nadie me dijo que eso no funciona en Argelia, que todas las maletas salen por la cinta de equipajes del aeropuerto internacional yque el pasajero debe llevarlas consigo hasta el nacional.
No recuerdo gran cosa de mi viaje a Barcelona, nos dijeron que sobrevolábamos Pamplona y Zaragoza, pero yo no fui capaz de distinguir entre las nubes ninguna de las dos ciudades.
Tras siete largas horas de escala en el aeropuerto de El Prat, en Barcelona, embarqué con Air Algerie en el vuelo que por primera vez en mi vida me llevaba a Argel. Yo había seleccionado, como hago siempre, asiento de pasillo. A mi lado viajaba sentado un señor de unos cincuenta y muchos años, leyendo un periódico en francés. Cuando llegó el momento de la comida (Air Algérie sigue sirviendo comidas en sus vuelos, dicho sea de paso) le ayudé con su bandeja e iniciamos una conversación. Era un ciudadano francés que había participado unos meses en la guerra de independencia del país como soldado francés, durante su servicio militar. No tenía especial cariño a los argelinos, algo que a mí resultó chocante, porque su sustento económico dependía de esa gente que despreciaba.
Cuando le conté a mi compañero de viaje que mi destino final era Annaba me advirtió de que se trataba de un nido de cucarachas infesto. Me contó que en una ocasión estaba en una habitación de hotel y le sorprendió que el papel pintado estuviese decorado de manera abstracta. Pero al cabo de un rato sintió que la decoración parecía moverse. Era, según me explicó, una pared completa llena de cucarachas.
En mis primeros días en Annaba vivía con verdadero pánico la posibilidad de tener que enfrentarme una noche a una invasión de centenares de cucarachas. Pero no ocurrió jamás, afortunadamente. No obstante, sí tuve que hacer frente a un episodio muy desagradable que ya conté aquí. Llegué a hacer las maletas para volverme a mi casa. Supongo que de no haber mediado la mediación de Alberto, un compañero de trabajo de aquellos años, que me convenció para mudarme a su piso, mi aventura argelino habría terminado alí.
No soporto convivir con insectos. Es lo que peor llevo cada vez que tiro de tienda de campaña y saco de dormir. Respeto la opinión de los demás, pero yo simplemente pongo los medios para que cada uno se mantenga en su espacio.
Hoy no inserto ninguna fotografía, para alivio de una compañera y amiga.
sábado, 17 de enero de 2009
Restos de cordero
Hace ya más de un mes del Aid, de la fiesta del cordero. Y, sin embargo, en la escalera de mi casa se mantienen unas manchas ya negruzcas de sangre de cordero, de alguien que tras el sacrificio se lo trajo abierto en canal a carne.

No es una reliquia, no existe el cordero pascual para los musulmanes; se trata simplemente de dejadez. Porque tenemos una persona contratada que limpia la escalera…
No es una reliquia, no existe el cordero pascual para los musulmanes; se trata simplemente de dejadez. Porque tenemos una persona contratada que limpia la escalera…
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