martes, 8 de febrero de 2011

El contagio tunecino

En la distancia, muchos meten a Túnez, Egipto y Argelia en el mismo saco, de modo que creen en una inminente desestabilización del sistema. Pero yo no lo creo y voy a tratar de razonarlo en varias etapas.

El texto siguiente lo escribí hace ya unas semanas. Lo había dejado en la nevera y ahora me decido a publicarlo tal y como estaba. Es cierto que los acontecimientos han ido más allá de lo que mis comentarios indicaban, así que un día de estos, quizás mañana, añadiré algunas consideraciones adicionales.

En la distancia se ve como un contagio de la situación tunecina, donde el descontento social ha dado lugar a manifestaciones ciudadanas, a su vez aprovechadas por los movimientos favorables a una democratización de la política tunecina para denunciar la doble cara de un régimen bien visto en occidente, como estable y pro-occidental, pero temido por los propios tunecinos por su carácter totalitario.

La realidad política argelina es muy diferente. El sistema liberal de la economía tunecina tiene poco que ver con el socialismo rancio de la argelina. La aparente libertad de prensa de la que se goza en Argelia está muy lejos de la continua amenaza bajo la que escriben los tunecinos. Y la apatía individual que cincuenta años de socialismo ha llevado a la población argelina ha apagado las posibilidades de un movimiento político organizado, a excepción de en la Cabilia, la única región en la que la población siente mayoritariamente los valores que en occidente asociamos con la democracia.

Parea entender los acontecimientos de las calles argelinas hay que conocer el carácter extraordinariamente violento de su sociedad. La guerra de independencia, el belicismo militante de los años 70, las manifestaciones de los 80, o la década de guerra civil, han marcado la forma de ser de los ciudadanos. No en vano, Al Qaeda se ha nutrido históricamente de buen número de argelinos y yemeníes, representantes de las dos sociedades más habituadas a convivir con la violencia.

La normalidad con la que se vive esa violencia se ha instalado de forma trágica en la juventud argelina. Mucha gente ha dejado en Argelia de acudir a los estadios de fútbol por los continuos episodios que parecen un parte de guerra. No es rara la jornada de la liga de primera división en la que al menos un par de partidos se juega a puerta cerrada por cierre del estadio, tras graves incidentes. Hace algo más de un año, a raíz de un partido de fútbol, se realizó la caza del egipcio. Fueron saqueados todos los negocios de ciudadanos egipcios o con intereses egipcios, incluidas las oficinas de la mayor compañía privada de telefonía del país. Todo ello, con la impunidad que ofrece ver que la policía deja hacer, que la mayoría de la población ve con simpatía esos actos violentos y que el propio gobierno los alienta en unas operaciones políticas de castigo a los intereses económicos egipcios, que aún perduran a fecha de hoy.

Por eso, la violencia excesiva en la calle no responde a un hartazgo político extremo, sino a una forma desgraciadamente habitual de actuar en masa. Quizás el mejor ejemplo sería el de las manifestaciones de los movimientos antiglobalización, que aunque causaron grandes destrozos en algunas ciudades, como Barcelona, nadie se plantea que puedan hacer tambalear un régimen.

Los políticos argelinos son perros viejos (expresión que para nosotros no es peyorativa, lo que digo por si algún argelino me lee) y cuenta con experiencia suficiente para saber dirigir a las masas. Por eso, me ha sorprendido la torpeza de hoy, cuando, frente a una manifestación convocada por un partido político denominado RCD, la policía ha lanzado un pulso exagerado, con una gran cantidad de elementos de las fuerzas del orden, que superaban con mucho al número de manifestantes, a los que durante horas no se les ha permitido siquiera salir de la sede central de su partido.

Esta demostración sólo sirve para debilitar al gobierno y mostrarlo como represivo, apoyado en un estado de urgencia que lleva años sin ser levantado, en una versión moderna del derecho de pernada. La policía hace y deshace a su antojo o, por decirlo mejor, al de quien le manda.

EL RCD es un grupo político hecho a la medida de su líder, un antiguo activista kabil, que no representa a más allá del 3% de los argelinos. Sólo en la región de Tizi Uzú cuenta con una buena representatividad institucional y se limita a una lucha cainita con el FFS para portar la bandera de la identidad kabil. En el resto del país se le ve con el mismo grado de simpatía con que se ve a Carod Rovira fuera de Cataluña. De haberle dejado desfilar, se habría visto cuál es su verdadera fuerza. Pero, en lugar de eso, se le ha ofrecido el título de víctima de la falta de libertad en el país.

No sé por qué me da que, cuando dentro de unos meses decida Buteflika cambiar el Gobierno y sustituir a Uyahia, uno de los que ha empezado hoy a preparar la maleta es el Ministro del Interior.

3 comentarios:

Andres dijo...

Hola Jose Antonio!!
He descubierto tu blog y me a parecido super interesante, me estas dando respuestas a muchas de las preguntas que tengo, ya que dentro de poco voy a ir a trabajar a Argelia y me estoy informando lo maximo que puedo.
He visto que, al parecer existe un blog privado, me gustaria que me indicaras de que manera puedo acceder a él, si no te importa

Un saludo y muchas gracias

Anónimo dijo...

Gran Blog Jose Antonio, justo me pidieron en el colegio que busque información sobre la situación actual de Argelia y esto me fue de gran ayuda!
Muy interesante,realmente en Argentina no se habla para nada de Argelia pero me vino muy bien informarme sobre su situación. Muchas gracias y saludos desde Argentina!

Anónimo dijo...

Hola, saludos de una española casada con un argelino... eso que cuentas de meter a Egipto, Tünez y Argelia en un mismo saco es algo que mimmarido también dice que no es así. Creo que le encnata´ria conocer a un español viviendo en su país. Saludos desde CYL.
Isabel