lunes, 7 de febrero de 2011

Matar al mensajero

Dicen que a veces hay que contar hasta diez antes de hablar. Yo he decidido contar hasta treinta antes de escribir. Y ahora, pasados treinta días, reescribo y suavizo lo que en su momento había redactado.

- Y que no escriba nada de todo esto en su blog.

El “todo esto” se refería a los acontecimientos de violencia callejera que se vivían aquellos días en Argelia, porque no creo que lo hiciera a la instrucción, que acompañaba esta desatinada orden, de no acudir al trabajo el fin de semana ni conducir vehículos con matrícula verde, que distingue a los vehículos de diplomáticos, cooperantes y extranjeros en general, con matriculación provisional en Argelia.

No puedo asegurar que la frase fuera exactamente ésa, pera así me la transmitieron como instrucción. Intenté contrastar la información anterior antes de escribir y le pedí a quien me la hizo llegar el número de teléfono del interfecto. Desde luego, esa persona no se ha tomado la molestia de dirigirse a mí, quizás porque sospecharía que mi respuesta sería algo así como:

- Soy mayor de edad y mi libertad de expresión se limita a la obligada confidencialidad en mi labor profesional, al respeto a la verdad y al secreto judicial. No te cito nunca en mi blog por consideración personal, no porque no pueda hacerlo. Pero si crees que tienes autoridad para amordazarme, mucho me temo que te equivocas. Y, mira, es precisamente ahora cuando voy a escribir.

No es la primera vez que me pasa ago así. Hace casi tres años una superior me citó en su despacho para decirme que me prohibía que su nombre apareciera en mi blog. Le respondí que estábamos en el trabajo y que me estaba hablando de un tema no laboral, de fuera de la oficina, donde no era mi superiora; pero que mi intención en el blog era no nombrar a quienes no quieren aparecer nombrados. No lo entendió, porque aquel mismo verano, estando yo de baja médica, me llamó un día por teléfono, no para preguntarme por mi salud, sino para decirme que me prohibía escribir más en el blog, porque había escrito un reportaje sobre Argelia, diciendo además cuál era mi función y, ahora estaban todos llorando de pánico en mi oficina y temerosos, porque les había puesto en alto riesgo de sufrir un atentado.

He de señalar que la persona en cuestión mezclaba en su imaginación hechos reales con una versión muy peculiar de la realidad. Así, yo no había escrito nada de todo eso en el blog. Pero, claro, aquella mujer hablaba de oídas, sin haber leído de qué se trataba.

Aquel día sí respondí que el blog era cosa de mi vida privada y que no tenía ninguna autoridad ni derecho a darme instrucciones al respecto.

En otra ocasión fue un directivo español de un hotel de Argel el que en lugar de dar la cara utilizó a un amigo para pedirle que omitiera un comentario sobre el arroz caldoso con cabezas de langostino a precio de oro, 40 euros, que nos habían servido en el hotel, haciéndonos creer que sería una comida española, cuando luego ni siquiera pasó por la cocina para comprobar qué nos estaban preparando.

Al margen de esta última historia, lo que más me fastidia es la actitud de quienes no entienden lo que es mi vida privada y mi libertad de expresión y que acuden corriendo a mis superiores en el trabajo para decir que soy un niño malo que escribe cosas políticamente incorrectas. Si su objetivo es intimidarme, no me conocen. Lo único que hacen es que los vea como unos cobardes, incapaces de decir directamente lo que quieren. Esa ha sido la forma de actuar de unos cuantos tipos destinados en Argel. No han conseguido callarme, sólo rodearme de una aureola de bocazas y conflictivo. De ahí que en este caso me extrañe la actitud de este colega de Mortadelo, una persona afable y a quien no tengo por amigo de causar este tipo de problemas. Es una persona que, ya en tres ocasiones, en charlas informales, me ha dicho que no publique determinadas cosas en el blog. Y siempre le he asegurado que no lo iba a hacer, como nunca escribo nada relativo a la confidencialidad de mi trabajo. Supongo que esta vez no le molestaría que escriba sobre la violencia de las calles de Argelia, sino sobre las instrucciones a los empleados de la Embajada de España. Pero, ¿por qué no me lo ha dicho directamente? Y, si se trataba de una broma, ¿es consciente de estar creándome el mismo problema que si yo dijera a la gente que tenga cuidado al hablar con él, que luego aparece en los informes?

Soy más prudente de lo que algunos piensan y no cuento ni de lejos lo que puedo llegar a saber. Se puede comprobar que en este blog no aparecía el apellido Drouk***, por ejemplo, ni comentarios sobre la lucha de poder alrededor de algún militar con el nombre de guerra de Tou***. Tampoco se me ocurre especular con reuniones en Francia de conocidos miembros de Batas*** con el autodenominado gobierno provisional ka***, o con la venta de visa*** por sahara***, por más que uno haya recibido testimonios personales de gente que se ha visto en esas circunstancias.

Si algún personajillo tan importantes cree un día que determinada cosa no la debo publicar, o quiere saber si he hablado sobre esto, aquello, o lo de más allá, que me lo diga directamente, sin intermediarios. Los que no tenemos un pasaporte rojo sabemos mantener conversaciones educadas y no nos comemos a casi nadie.

4 comentarios:

Manolin dijo...

Con dos huevos.
Como lector te agradezco tu claridad al hablar.
Una pregunta ¿temes mosquear a alguien y que sea capaz de hecharte de tu trabajo?

José antonio dijo...

No.
No me he referido a nadie de mi trabajo.
Si esa persona que se mosqueara es tan poderosa como poder echarme de mi trabajo, debería serlo para poder echar a muchos que no se ganan ni de lejos lo que cobran.

Araceli dijo...

A veces, DESGRACIADAMENTE, en algunos trabajos y para alguna gente, resultan más cómodas las personas que no se ganan ni de lejos lo que cobran que las que hablan claro...

Andres dijo...

Me gusta, es la realidad de Argelia.
Vivo en Oran y he trabajado por todo Argelia. Haces unas exposiciones muy aproximadas de la realidad. No desmayes aunque te quieran quitar el boligrafo.