martes, 31 de marzo de 2009

Mis cuadros

Cuando estuve en París me compré un óleo. Todavía no me lo he podido traer a mi apartamento de Argel y no sé si llegaré a hacerlo. De momento cuelga en un muro prestado.

Hará juego con el super regalo de Reyes, del que hasta ahora no había dicho nada: un grabado antiguo de Argel. Este segundo no me atrevo a traerlo a Argel. En mi casa no tengo realmente nada de valor, quitando el ordenador, que además es ya antiguo. No creo que sea una buena idea colgar de la pared un grabado antiguo, que más bien constituirá un recuerdo de mi etapa en Argel el dia que regrese.

Mi espacio de libertad

Muchos de los lectores saben que he estado varios meses de baja por depresión, angustia y ansiedad. Aún no estoy plenamente recuperado. Regresé a finales de noviembre a la actividad laboral bajo supervisión médica y periódicamente acudo al especialista para controlar mi evolución.

Hay cuestiones que no puedo ni quiero comentar en este espacio que hacen que mi recuperación completa sea mucho más lenta de lo esperado y deseado. Supongo que hay aspectos fundamentales que no sufrirán variaciones hasta finales del verano y que condicionan mi estado general. En lo que más lo noto es en la dejadez general y las pocas ganas de luchar, de actuar de forma activa, de hacer frente a las dificultades.

Lo que acabo de explicar también guarda relación con este blog. Escribo en él lo que siento en cada momento y lo publico para mantener un contacto con mis amigos y con otras gentes a las que mi experiencia en Argelia puede resultar útil. Pero no para mantener un foro de debate que me coma el tiempo y las energías; ni para discutir de determinados asuntos; tampoco paar tener que estar midiendo lo que puede molestar a unos o a otros en función de sus problemas personales, que no son los míos ni quiero que lo sean.

Cuando eso me puede, sencillamente dejo de escribir. Y si da lugar a comentarios que no me gustan, que buscan la confrontación, los elimino.

He modificado la configuración de comentarios recibidos, advirtiendo que no validaré los anónimos.

Por otra parte, este blog no es un foro de debate acerca de mis ideas sobre Argelia. Hace un año, el 1 de abril de 2008, una persona cercana, pero a la vez egoísta y desagradecida, tuvo la cobardía de dejar unos anónimos insultantes que ni por asomo sospeché que venían de ella. No voy a dejar que se repita la experiencia. Hace unos días tuve que bloquear los comentarios de un lector argelino residente en Francia que no lo había entendido. Posteriormente me he intercambiado correos personales con él, hasta que su insistencia en dudar de mi profesionalidad en el trabajo me ha llevado a cortar esas comunicaciones.

Y quien quiera insultar, que se busque otros cauces para liberar sus frustraciones.

El lado positivo lo extraigo del resumen de accesos de esta semana pasada. En estos siete días se ha identificado el acceso al blog de 425 ordenadores desde España; 43 desde Argentina; 33 desde Argelia; 23 desde México; 18 desde Colombia; 16 desde Perú. Me alegra sobremanera pasar desapercibido en Argelia.

Mañana publicaré algo divertido, un "juyómetro", un test medidor del grado de juya, que escribi hace unos días y que no había borrado; estaba ya programado para este uno de abril, el día de las inocentadas en Argelia.

jueves, 26 de marzo de 2009

¿Por qué no escribo?

Porque estoy decepcionado, sencillamente.

No puedo entender que alguien se pille un rebote porque mi opinión no coincida con la suya. Y, eso, en el mejor de los casos.

He tenido que censurar tres comentarios en menos de una semana. ¿Normal? Creo que no.

En los últimos días he escrito alguna que otra cosa, contando lo que hacía en Argel, la compra de carne de caballo, el paseo por la Casbah, la factura del agua, las elecciones. Y he borrado el documento en Word, no merece la pena publicarlo si los lectores no saben estar a la altura.

Para qyuien quiera saber algo de Argel, comentar que hace buen tiempo. Y espero que eso no moleste. Ya sé que es una opinión, que para un esquimal hace mucho calor, para un cultivador de arroz está demasiado árido y para un tuareg aún hace fresquillo. Lo sé, lo siento. Es que no sé contentar a todos.

martes, 24 de marzo de 2009

Mejor parecer inocente

A propósito de lo que escribí hace unas semanas de la lucha antiterrorista en Argelia he recibido una consulta relativa a las garantías ciudadanas ante una acción policial. Es decir, qué garantías tiene un ciudadano de no encontrarse en el medio de un fregado. La respuesta creo que no es necesaria, todos los lectores se la pueden imaginar, desgraciadamente.

Pero respondiendo a esa cuestión he recordado una noticia de prensa de finales de febrero. La he buscado, encontrado, y aqui la traduzco, resumida. El titular decía que un hombre había sido asesinado por error en Chekfa, provincia de Jijel:

Un homme tué par erreur à Chekfa (Jijel). Une dramatique erreur s’est produite dans la nuit de dimanche à lundi dans la localité de Bouasfour, 4 km à l’est de Chekfa dans la wilaya de Jijel, qui a fait un mort et un blessé. Selon des témoignages de proches de la victime, 36 ans, elle exerçait le métier de coiffeur à Alger.

Toujours selon les mêmes témoignages, l’homme est sorti de la maison après avoir entendu les chiens aboyer. Il recevra aussitôt plusieurs balles d’arme automatique tirées par un groupe des forces combinées qui était embusqué dans cette zone. Des grenades ont par ailleurs été lancées vers la maison blessant une femme qui se trouvait à l’intérieur et provoquant des dégâts dans la demeure.


Para quienes no sepan francés, una traducción libre, en el estilo periodístico en el que esta noticia podría redactarse en castellano, sería:

Un dramático error, que causó un muerto y un herido, se produjo en la noche del domingo a lunes en la localidad de Bouasfour, cuatro kilómetros al este de Chekfa, en la provincia de Jijel. El fallecido, de 36 años, trabajaba según sus allegados como peluquero en Argel.

Tal y como han relatado los testigos, cuando el hombre salió de su casa, alertado por los ladridos de sus perros, recibió disparos de balas de armas automáticas lanzados por un grupo de fuerzas de seguridad ocultas en la zona, que después lanzaron granadas de mano contra la casa, hiriendo a una mujer que se encontraba en el interior y provocando importantes daños materiales.

Aquí se dispara primero y se pregunta después...

lunes, 23 de marzo de 2009

Bajo consumo

Supongo que casi todo el mundo sabe que en España se ha decidido que este año 2009 dejen de venderse las lámparas incandescentes, las llamadas bombillas de toda la vida, para conseguir que se empleen las de bajo consumo. Si, a pesar del menor consumo y mayor duración de las nuevas lámparas, la sustitución ha tenido que ser forzada por el Estado, sin que el mercado actúe libremente, se debe a dos razones: que son horrorosamente feas y que resultan muy caras. Sé que hay alguna campaña de entrega gratuita de bombillas, que servirá para entretener a infinidad de jubilados haciendo repetidamente cola para algo gratis, con independencia de que las necesiten o no.

La sustitución de las bombillas no es algo exclusivo de España. En Argelia se va a proceder también al cese de la venta de las bombillas incandescentes y al reparto gratuito de otras de bajo consumo. Y se produce un caso muy curioso: el coste tan ridículo de la energía eléctrica para el consumidor en Argelia, menos de dos céntimos de euro el kilovatio por hora, haría difícil que el ahorro resultara efectivo. Sin embargo, se están haciendo mucho mejor las cosas. El reparto gratuito se hace de manera ordenada, en las oficinas de la compañía de electricidad, presentando el recibo de la luz. De esa forma queda registrado el contrato de suministro de energía eléctrica al que se le han entregado las bombillas.

Pero hay algo mucho mejor: el precio de las bombillas.

Hace casi año y medio estuve en una feria en Argel con una empresa argelina que empezaba a fabricar lámparas de bajo consumo a partir de una patente extranjera. Se habían instalado en Bejaia, a unos trescientas kilómetros al este de Argel, y contaban con dos ventajas comparativas: un precio muy interesante y una novedad tecnológica que me dejó sorprendido: sus bombillas contarían con una base múltiple. El consumidor podría cambiar él mismo la base de normal a bayoneta o de E14 a E27.

Ahora ya están en el mercado y permiten mayor variedad que en la península. Las hay de 5 vatios, de 7, de 9, de 11, de 13… Las últimas que he comprado eran de 23 vatios. ¿El precio? Tres euros y medio cada bombilla, con dos bases diferentes para optar por la que interesa.

Hace unos meses compré unas en IKEA y me salieron bastante más caras, pese a que incluso resultaban más baratas que en el mercado tradicional. ¿Por qué esa diferencia de precios? ¿Quién se está aprovechando?

domingo, 22 de marzo de 2009

Estado Integrista de hecho

Supongo que a quien reúna las características de musulmán e intolerante le va a molestar mi comentario de hoy. Lo advierto de principio, para evitar la lectura y disgustos posteriores.

Toda la carne que se vende en Argelia lo hace con el certificado de halal. Creo recordar que fue mi buen amigo Farid el que explicó aquí que halal es sinónimo de tolerado, en contraposición a haram, que es lo prohibido. Si nos referimos a la carne para consumo humano, para un musulmán practicante está prohibido consumirla de perro o cerdo, mientras que está permitido hacerlo de otros animales, siempre que se cumpla un rito en el sacrificio del animal, consistente en que muera desangrado por el único tajo de un cuchillo en manos de alguien que esté puro (buen musulmán, por simplificar) y que lo haga pronunciando el nombre de Alá mientras orienta el animal hacia La Meca.

Esta carne de animal así sacrificado obtiene el certificado halal, que en el caso de Argelia es obligatorio para su comercialización. Es decir, sólo esta carne puede acceder al mercado, por lo que es la única que en la práctica se puede consumir.

Yo no soy musulmán y no tengo ningún interés ni en serlo ni en seguir las enseñanzas de alguien que para mí no es ningún profeta. Respeto la decisión de aquellos que siguen una religión que personalmente no me merece gran admiración, que considero profundamente equivocada y que veo como causa de muchos de los males sociales enquistados en la sociedad argelina. Comparto como cristiano buena parte de los principios de la fe islámica y colaboro en la medida de mis posibilidades para que los musulmanes de mi entorno sean buenos musulmanes. Así, por poner un ejemplo, nunca he animado ni animaré a ningún musulmán practicante a consumir alcohol ni a transgredir alguna otra norma de las que guían su vida, porque respeto y valoro sus esfuerzos por actuar de acuerdo como ellos creen que Dios desea que lo hagan.

Nadie vea en estas líneas un ataque a mis muchos amigos musulmanes. Precisamente su fe y cómo la siguen significa para mí una prueba más de que son excelentes personas y representan la cara más amable del Islam, la que me hace ver que bien entendida y aplicada aporta unos valores muy buenos a cada uno de sus adeptos.

A mí me parece muy bien que los musulmanes tengan la oportunidad de comer carne halal. Y he escrito oportunidad, no derecho, para que no se entienda que considero que un carnicero debe estar obligado a disponer de carne halal. No. Lo que creo es que si alguien desea venderla, no debería prohibírsele hacerlo.

A mí me gustaría poder consumir carne de un animal que yo sepa que no ha sufrido esa muerte desangrado, porque se le ha adormecido previamente, o porque se le ha aplicado una descarga eléctrica. Sin embargo, esa carne no llegaría a la carnicería en Argelia, porque no obtendría el certificado halal, imprescindible para su comercialización. En Argelia no existe ese derecho a vender carne diferente de la que establecen las leyes islámicas para sus adeptos.

Personalmente, el hecho de que se le mate al animal pronunciando el nombre de Alá me trae sin cuidado, aunque me gustaría saber cuántos musulmanes comerían una carne que se les dijera que ha sido bendecida por el rabino de la sinagoga.

En mis 21 meses en Argel no me he preparado jamás carne en casa, excepto alguna vez que he comprado fiambre de ave y otra que me compré unas brochetas para condimentar en casa. Fuera, en restaurantes, procuro decantarme por un plato de pescado, aunque no siempre.

Como siga mucho tiempo en Argelia me acabaré haciendo vegetariano.

sábado, 21 de marzo de 2009

Très fatigué

De vez en cuando es bueno escribir poco y reirse un rato. Por eso, hoy, lo que publico es esta fotografía de dos trabajadores tomada en la feria de Argel.

Y el caso es que era el pimer día.

viernes, 20 de marzo de 2009

¡Qué estaré comiendo! (2)

Decía en la primera parte de este comentario sobre lo que como en Argelia que estoy tratando de sustituir la mayor parte de los lácteos que tomo por otros similares, pero desnatados.
La cultura de los productos dietéticos no existe en Argelia, empezando por los específicos para diabéticos. El consumo de azúcares es superior al nuestro, porque gustan las cosas muy dulces y los productores se adaptan a esos gustos. A los zumos de frutas, por ejemplo, se les añaden azúcares sin indicarlo correctamente en las etiquetas.

En mi caso, tan aficionado a los lácteos, he tratado de encontrar quesos que fueran bajos en grasa, pero apenas los hay. La leche desnatada no siempre está disponible en el mercado. Además, se vende como tal una de origen saudí que no cumple con la norma de los porcentajes de materia grasa que la clasificarían como tal.

Los de los yogures es ya un caso especial. Tomo muchos al cabo del día, tantos que si los consumiera de leche entera y azucarados acabaría con la dieta. Basta con echar un vistazo a mi nevera para comprobar la cantidad que puedo llegar a tener, señal de que los consumo rápidamente.

Los yogures desnatados son muy pequeños en Argelia. Cada recipiente de los que tomo, de piña y naranja, contiene sólo cien gramos de yogur. Como cuestan veinte dinares cada uno, me salen a dos euros el kilo. Pero eso es cuando los hay, porque pueden pasar hasta quince días que estén desaparecidos de las tiendas y de repente llenarse de nuevo todos los comercios de alimentación de ellos.


Entre el etiquetado en árabe y la letra tan minúscula para mi vista, yo no sé tampoco lo que como cuando compro un yogur. O no lo sabía, hasta que me he decido a investigar con lupa. No es una broma lo de la lupa, dado el tamaño de la letra. ¿Es alguien capaz de leer este texto a simple vista? Yo no. Parece una póliza de seguros.

Pensaba que iba a encontrarme algo así como leche desnatada, fermentos lácteos, fruta y edulcorante. Pero no, es mucho más completo y complejo. Dice así:

Ingredientes: Leche reconstituida desnatada, preparación piña y cítricos (piña, naranja, limón, jarabe de fructosa, aroma de piña, aroma de cítricos, espesantes E407 y E415, acidulante E331, conservador E202, edulcorante E951 al 0,01%, E950 al 0,09% colorante E104, espesante E1442 y E1440, fermento láctico.

Además de los aromas y el jarabe de fructosa, sorprendenete para tratarse de un producto supuestamente light, son nueve misteriosos añadidos de esos que empiezan por E de envenenar.

Y el texto acaba con un preocupante "desaconsejado a los niños". No me extraña.

jueves, 19 de marzo de 2009

¡Qué estaré comiendo! (1)

Con permiso de todos, si no felicito hoy a mi padre corro peligro de ser desheredado. Así que, lo dicho, con permiso, ¡Muchas felicidades, papá! Quien quiera recordar el texto que le dediqué el año pasado, con fotos incuidas, no tiene más que pulsar aquí.

Llevo un par de meses tratando de perder los kilos de más. Casi todo el mundo me dice que estoy bien, que no me sobra nada, pero la realidad es que si quiero acabar con mi hipertensión necesito reducir la longitud del circuito de venas por el que circula la sangre, para que el corazón necesite hacer menos fuerza con cada latido. Lo explico así, de modo sencillo, aun a riesgo de que algún lector del sector sanitario se sienta llevado a puntualizarme con una explicación más científica y me temo que menos comprensible.

Aunque ya lo he contado alguna vez, resumo las circunstancias y el método que aplico. Como sólo me motiva la competición, he aprovechado que dos amigos, Itziar y Jon, se han puesto igualmente a régimen para encontrar ese punto extra de motivación, ése que me impida comer lo que no debo, al ver cómo en la báscula soy capaz de ganar a otros. Ellos quieren perder veinte kilos en diez meses. Si yo hiciera eso acabaría ingresado en una clínica por desnutrición, porque mi exceso era de sólo doce kilos, si el adverbio sólo resulta compatible con el doce, que me temo que no.

De momento no he cumplido con los objetivos planteados, porque apenas he llegado a adelgazar un par de kilos, si bien es cierto que venía de perder otro par de ellos a primeros de año. Mi problema es que las crisis de ansiedad me llevan siempre al frigorífico o a mi más que repleta despensa. Además, el día de mi cumpleaños me torcí un tobillo y he tenido que dejar de hacer deporte. Con estos condicionantes, los dos meses que llevo a régimen me los he plantearme como el tiempo para avanzar hacia unos mejores hábitos alimenticios, de los que aún estoy muy lejos.

Estoy tratando de reducir el consumo de hidratos de carbono, incrementar el de fruta y sustituir los habituales lácteos, mi gran debilidad, por otros desnatados.

La dieta básica argelina incluye muchos hidratos de carbono, que suponen buena parte del aporte calórico del argelino medio. El pan es muy barato y se come en cantidades inmensas. Cuando vas a comer a un restaurante sencillo lo primero que te ponen delante es un cesto lleno de pan. Una pizza, con escasísimos ingredientes, viene a costar un par de euros. Y la comida rápida consiste en bocadillos que suelen contener patatas fritas.

Lo de comer fruta es muy importante para mí, porque son muy pocas las verduras que tolero. Lo tendré fácil en poco tiempo. Empieza a haber ya fresas en el mercado, pero su precio es aún de unos cuatro o cinco euros el kilo, más baratas de todas formas que los kivis o los aguacates. El kilo de manzanas o de peras está sobre los dos euros y medio, con alguna variedad local más barata. Ya se empiezan a ver ciruelas, melones y sandías, pero para consumo exclusivo de los muy ricos.

Estoy comprando últimamente un fruta que aún no he sido capaz de definir si es una manzana o una pera. Quizás debería inventar un neologismo, hablar de un vocablo mixto, de mancera o de pezana, no lo sé. Su forma es de manzana; su piel, del color de la pera; la textura de la piel es la de la manzana; el granulado del fruto, de pera; el gusto es escaso, más parecido al de una manzana; la jugosidad, casi la de una pera; el corazón como el de una pera, pero las pepitas son de manzana.

Si alguien ha identificado lo que me estoy comiendo, le agradezco que me lo diga. Más que nada, por si me están vendiendo un fruto genéticamente transformado y dudosamente apto para el consumo. Aunque, la verdad, está muy bueno.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Un día de marzo

Hace tiempo que no cuento cómo es un día de mi vida en Argel. Los laborables suelen resultar todos muy parecidos, como los de cualquier mortal condenado a trabajar, y los festivos bastante aburridos. No obstante, dentro de esa monotonía del día a día hay muchos detalles diferentes para el que vive fuera de Argelia y que resultan curiosos. Por eso, voy a tratar de contar mi jornada de ayer.

Me despertó el despertador del teléfono móvil a las siete y veinte de la mañana. Estiré el brazo para apagarlo y disfruté aún del calor de mi edredón, acurrucado y sin moverme, otros diez minutos, justo el tiempo que tarda el móvil en volver a insistir en que me levante. Esta segunda vez le hice caso, que en Argelia no hay resaca del lunes, porque trabajamos el domingo. Al subir la persiana comprobé que de nuevo íbamos a disfrutar de una jornada primaveral. Me quedé contemplando un par de minutos la entrada de un ferry de pasajeros en el puerto y cómo parecía funcionar una de las grúas de descarga. Pero era una falsa alarma: o me tienen controlado y siguen trabajando cuando yo no miro, o es que en este puerto no dan ni golpe.

Después de recoger un par de cosas que había dejado por el medio antes de acostarme me acerqué al ordenador para corregir el texto escrito la noche anterior. Esta vez resultó fácil, no era ningún tema de actualidad y el uso de los tiempos verbales resultaba perfecto, de modo que lo grabé en el pendrive para poder subirlo a Internet desde donde tuviera acceso a Internet.

Después de ducharme me vestí y antes de tomar ningún líquido me pesé: por fin había roto la barrera de los 81 kilos así que lo celebré con un yogur, una manzana muy rara (otro día lo explico) y un zumo de naranja. Con una llamada al móvil anuncié aun compañero de trabajo que salía de casa, para que saliera también de la suya y recogerle yo de camino. Bajé los ocho pisos de escaleras con cuidado, porque hay un par de rellanos con líquido desconocido en el suelo. Son las cosas de Argelia, así que me lo tomo a bien, pero procuro no caer en la trampa y pegar un patinazo.

Sacar el coche, como casi siempre, toda una odisea. El que cobra por aparcar en mi trozo de calle (cien dinares la noche, o mil dinares por meses) no se conforma con cobrar y pretende ganarse el sueldo dando instrucciones de cómo estacionar y verdaderos cataclismos, con instrucciones al revés. Resulta divertido verle por las mañanas explicar a las estudiantes de la facultad cómo estacionar su vehículo; se suele juntar el hambre con las ganas de comer y no es raro que alguna infeliz se pase cinco minutos maniobrando hasta que algún voluntario le aparca el coche. Esta vez el pardillo que le hizo caso al vigilante fui yo, hasta que choqué contra el coche que estaba detrás. Y, como siempre, no es su culpa, sino que no se han seguido sus confusas instrucciones. Le pedí que dejara de orientarme, que sé maniobrar, pero ni por esas, colocándose además donde más estorbaba. Tres veces tuve que decirle que se callara y me dejara tranquilo, hasta que a la cuarta salí del coche y el agarré por la solapa a gritos. Mano de santo, desgraciadamente, porque esta vez sí que se calló.

Tras la media hora de atasco de rigor, empecé la jornada laboral a las nueve de la mañana. Yo prefería haber estado viendo empresas en la feria, pero hay que hacer lo que con mucho más sentido común te mandan. De todas formas, me pasé buena parte del día investigando un par de temas pendientes, pero desgraciadamente no tuve mucha suerte y no va a lucirme el trabajo.

Me quedé más tiempo en la oficina para resolver un par de cosas personales y tratar de conocer mejor una aplicación informática. Luego, en coche, me fui al hípermercado de la ciudad, el Uno City de Garidi, en el barrio de Kouba. Mi intención era comprar un par de cosas y casi me quedo sin dinero. Y es que da gusto poder comprar en un sitio en el que todo está limpio y ordenado. Creo que por fin va a ser un supermercado moderno y que funcione en Argel, porque está además bien surtido. Al regreso me metí por la autopista en sentido contrario, porque no había ninguna señal que lo indicara. Tuve que echarme a la cuneta y esperar que no pasara nadie para dar la media vuelta.

Después de varios días de régimen semi espartano tocaba un poco de relajo. Ya al mediodía había comido un kebab o chawarma de Aladín, el fastfood de Didouche Mourad donde hacen los mejores kebabs de la ciudad. Por la noche me regalé una cena en los antiguos mataderos. Me recibieron, como en muchos sitios, con un plato de aceitunas, tres platitos de salsas (mayonesa, mostaza y harissa) y un cesto de pan, incluida una galette recién salida del horno. Luego me comí dos pimientos picantes, unos pinchos morunos de pechuga de pavo y unas criadillas asadas. Todo ello regado con una Coca Cola Light cosecha del 2009. No pedí postre, en casa ya me esperaban unos yogures y un trozo de turrón de Jijona.

Del restaurante conduje hasta casa. Allá en la calle se encontraba el vigilante, con cara de pocos amigos. Fue otro de los aparcacoches quien me indicó dónde estacionar, mientras el primero me decía que había sido malo con él por la mañana y que no me hablaba. Después de unas cuantas bromas y de enseñarle el leben (leche ácida, cortada) que había comprado hicimos las paces. Hasta que yo vuelva a perder los estribos, como siempre.

El último capítulo fueron los ocho pisos que desde el jueves pasado que dejó de funcionar el ascensor me subo a pie para llegar a mi casa. Allí, unas horas de estudio, entremezclado con un texto en el ordenador para este blog y el intento de grabar una serie de televisión de su DVD al disco duro del ordenador.

Antes de acostarme decidí hacer de electricista, con muy poco éxito. Había comprado una lámpara de bajo consumo de 23W, equivalente, dicen, a una de 115 watios, para colocar en la sala de estudio. Sin embargo, al desenroscar la bombilla el casquillo se quedó dentro. Y al intentar sacarlo se me cayó al suelo la bombilla, explotando y dejando cristales por todas partes… en una habitación a oscuras. Luego quise cambiar la del váter, porque el cuarto en mi casa está dividido en dos, como en Francia y casi todas las casas argelinas, pero volví a fracasar. No sé pro qué, pero ahora no funciona y me he quedado sin luz en una habitación que además se utiliza con la puerta cerrada.

Podría decir que así transcurrió un día normal y corriente del mes de marzo en Argel. Aunque para completar las veinticuatro horas de relato debería añadir que el martes por la mañana me despertó antes de tiempo la tormenta y el altavoz de la mezquita más cercana. Me levanté al salón a ver amanecer y allí me esperaba un nuevo charco de agua. Y es que han vuelto a casa las goteras, de esas que aparecen un día en el lugar más insospechado y no se vuelve a saber de ellas. Tuve suerte de que no se mojara la alfombra.

Tengo cortinas

Lo que voy a contar hoy no es exclusivo ni específico de Argelia. Les ocurre a casi todos los que van destinados por razones laborales a otro lugar diferente al de su residencia. Es la sensación de desarraigo, de estar de paso, de carecer de hogar pese a contar con una vivienda.

Para tratar de no echar mucho de menos lo que he dejado en mi tierra, si es que se puede, he intentado siempre en Argelia disponer en mi apartamento de infinidad de cosas, muchas más de las necesarias. No es por un sentido de opulencia, ni mucho menos. No tengo mp3, ni teléfono multimedia, ni muchos de los aparatos electrónicos que condicionan la vida de tanta gente; ni siquiera tengo el televisor conectado. Echo en falta otros detalles, como el ADSL que sigue sin funcionar… o el ascensor que lleva casi una semana pasado. Quiero pensar que se trata de la pequeña colaboración de mis vecinos con mi régimen de adelgazamiento, a que a base de subir escalones queme las calorías ingeridas de sobra. Igual debería explicarles que resultaría fenomenal si no contara entre ellos con unos cantos guarros que han conseguido que por ciertos rellanos pase con mucho cuidado. Pero me estoy saliendo del tema, que era hacer de un apartamento en Argel un hogar.

Contar con ropa de más, toallas y sábanas en exceso, vajilla repetida, piezas de la batería de cocina que no necesitaré en mi vida, o adornos de los que algún día me tendré que deshacer, es parte de esa terapia. Pero creo que lo más importante para sentirme en un hogar suele ser revestir el suelo y las paredes. Y poner cortinas.

Cuando hace año y medio me instalé en el apartamento de Ben Aknoun tomé medidas de las ventanas y en el primer viaje que hice a Bilbao mi madre me arregló unas cortinas antiguas y me las adaptó a la nueva vivienda. En Argel compré barras, argollas y llamé a alguien que me las instalara. Así pude tener cortinas en mi casa.

Pero llegó el momento de dejar el apartamento. Recogí mis cortinas, aunque no los ganchos de las paredes, para que pudieran servirle al próximo inquilino. Fue un error, ya había comprobado que mi propietario era un individuo bastante cutre y miserable en muchos detalles y seguro que los ha quitado y guardado para él. Es lo que ha hecho con el motor y el depósito de agua que instalé y que también dejé para el siguiente que ocupara el apartamento. Me habían dicho que hay gente que cuando se va del piso se lleva hasta los apliques de la luz; y que es una de las razones por las que se suele preferir alquilar a extranjeros, que actuamos con más dignidad.

En mi nueva vivienda de Telemly, más espaciosa, me he encontrado algunos ganchos ya preparados para colocar cortinas. Y es que el anterior inquilino era francés, del Consulado de Francia en Argel. Intenté reutilizar las cortinas que ya tenía, pero ni la altura ni la anchura coincidían. Llevármelas a Bilbao era darle trabajo a mi madre y el que ha cambiado de casa soy yo. Que me las arreglaran en Argel era arriesgarme a cualquier chapuza y se trataba de tela bastante buena. Pensé en comprarlas en Argel; aquí hay bastantes tiendas y la confección no resulta cara, pero o salía huyendo del mal gusto o el precio era el de una cortina buena para una tela importada de China.

Al final tomé la decisión de comprar en Bilbao alguna cosa mala y adaptarla. Es lo que hice, comprar en Ikea las cortinas más baratas que tuvieran. Y por cuatro perras tengo cortinas, que he tenido que recortar yo mismo con la tijera de la cocina. Es la que se contempla tanto en la foto de más arriba, tomada de frente, como en la siguiente.

Para el cuarto de invitados he adaptado las que me traje de mi apartamento anterior. Como tiene vistas sobre toda la bahía, orientada hacia el este, le da el sol de frente desde el amanecer. Tenía que colocar una tela más gruesa que la cortina de gasa de Ikea, para evitar el exceso de sol. Y me ha quedado perfecto.

martes, 17 de marzo de 2009

Noche de niebla

La otra noche asistí a un espectáculo natural realmente bello. Se introdujo la niebla en Argel y lo hizo en forma de nubes muy bajas que iban cubriendo algunas partes de la ciudad, dejando otras libres. En lo que toca al centro d ela ciudad, donde vivo, quedó un espacio nítido justo alrededor de mi edificio. Pudé así tomar esta fotografía de la Grande Poste absolutamente sumergida en la niebla.

El edificio del que se observa el patio central es el de Aduana. La Grande Poste queda envuelta en la niebla.

Hermoso, ¿verdad?

En Argel también hay cultura con Ñ

El día 8 de marzo se celebró en Argelia la llamada Jornada Internacional de la Mujer, que en España suele recibir la denominación de Día de la Mujer Trabajadora.

Unos días antes se publicó un estudio, en el que ha colaborado la Agencia Española de Cooperación Internacional, consistente en pulsar la opinión de los hombres y mujeres argelinso del 2009 sobre la igualdad de derechos entre sexos y comparar los resultados con otros obtenidos nueve años antes.

En mi opinión los resultados son bastante descorazonadores. Ya de por sí choca que se hagan preguntas del tipo si aceptarían que una mujer se pueda divorciar si su marido no le deja estudiar, trabajar, salir de casa o toma una segunda esposa. Me recuerda a un chiste que podría transformar para la ocasión en algo así:

- ¿Está usted de acuerdo en que se prohíba trabajar fuera de casa a las mujeres y a los pelirrojos?
- ¿Y a los pelirrojos por qué?

Uan buena noticia dentro de esta historia es la mesa redonda titulada "Mujer, Historia y Cultura" que al Embajada de España ha organizado para este martes día 17 de marzo a las 4 de la tarde en el Instituto Cervantes de Argel. Está prevista la presencia de la Embajadora de la Unión Europea en Argel, la española Laura Baeza; de Carmen Romero, conocida por haber sido la esposa de Felipe Gonzalez; de Nadia Aït-Zai, que es la directora del Centro que ha realizado el estudio anterior; y de otras dos activistas por la igualdad de la mujer en Argelia.

El jueves 19 de marzo, a esa misma hora, está prevista otra mesa redonda sobre el mismo tema en la Casa Diocesana de Argel, esta vez bajo la organización de la Diócesis católica de Argel, con un perfil similar en cuanto a la participación argelina.

Dos buenas ocasiones para que la presencia femenina no siga los mismos derroteros que el día 8 de marzo. Ya comenté el viernes pasado el espectáculo de la feria a la que asistí ese día y en qué consiste esa jornada de libertad femenina. Supongo que sólo la presencia de europeas que den algo más de calor al acto servirá para que la mujer argelina pueda sacar algo más de provecho de debates como estos.

En el caso de la mesa redonda del Instituto Cervantes se trata casi del aperitivo para un ciclo cultural francamente interesante. En Argel estamos muy huérfanos de actividad cultural y cualquier cosa que se organice cuenta con la presencia masiva de los expatriados. En esta ocasión el Instituto Cervantes va a organzar durante ocho jueves, desde este 19 de marzo hasta el 14 de mayo, un ciclo de cine clásico español. Se comienza con "Muerte de un ciclista", de Bardem; seguirá el 26 de marzo "Plácido", de Berlanga; el 2 de abril será el turno de "Viridiana", de Buñuel; a los que seguirán otros cinco títulos. Personalmente, los que me parecen más intereantes son los dos últimos, "El espíritu de la Colmena" el 7 de mayo y "El sur" el 14 de mayo, ambas de Víctor Erice.

lunes, 16 de marzo de 2009

Farsa democrática

Últimamente tiro mucho del refranero para escribir en el blog. Hoy me viene a la cabeza ése que se enuncia “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Y lo hace cuando pienso en que de todos los Estados que se autoproclamen democráticos y populares no debe haber ni uno sólo que sea democrático ni que deje expresarse libremente al pueblo. Argelia, por cierto, se llama oficialmente “República Argelina Democrática y Popular”.

El 9 de abril tendrá lugar la mascarada de la reelección del presidente Buteflika en unas elecciones amañadas de antemano, para las que antes, hace menos de tres meses, se ha modificado la constitución, votada en su día en referéndum y ahora alterada sin dar opción al que el pueblo vote los cambios.

Toda la maquinaria del Estado se ha puesto al servicio de una reelección al estilo más castrista que chavista, aunque ambas pasan por ser espejos en los que se mira el régimen argelino para mejorar sus aptitudes democráticas.

Resulta muy divertido abrir cada mañana el periódico público El Moudjahid y leer las “noticias” relativas a la transparencia democrática de las elecciones y la actividad del presidente a reelegir.
Así, el día 12 de febrero se podía leer: El pueblo elegirá a quien tenga el carisma para llevar a término el proceso de reformas y la reconciliación nacional. La conformidad al derecho y el respeto a las tradiciones democráticas tienen un sentido en Argelia. Y para perpetuarlas y anclarlas como nunca en las nuevas generaciones el presidente Buteflika recuerda que las disposiciones jurídicas electorales ofrecen todas las garantías para una elección transparente y libre. La instrucción presidencial, que insiste en un tratamiento equitativo a los candidatos por parte de los medios de comunicación públicos, ofrece a los ciudadanos la convicción de que no sólo eligen a un presidente para cumplir con su obligación, sino para perpetuar sus obras y acciones.

Creo que se explica solo.

domingo, 15 de marzo de 2009

Para Borja

Hace un año insertaba un comentario de felicitación para mi hermano Borja, que hoy cumple treinta y tres años. Para quien quiera verlo, y para él, adjunto un link al texto de entonces, en el que mostraba diferentes fotografías tomadas durante sus actuaciones musicales.

Hoy debería continuar mi relato de ayer y contar cómo también los argelinos han introducido el teléfono móvil en su vida habitual, casi como si hubieran nacido con él. Porque, a diferencia de lo que nos ocurre a nosotros, en muchos casos a sustituido incluso al telefono fijo, que en Argelia funciona francamente muy mal.

Pero no se puede estar todo el día trotando por una feria y además sacando tiempo para escribir cuando se llega a casa si se hace reventado. Y ese es mi caso.

sábado, 14 de marzo de 2009

Oggi, venti anni fa

Cuando se dice que Argelia lleva cuarenta años de retraso con respecto a occidente yo no estoy de acuerdo. Lo mismo que cuando me ponen como excusa para ese retraso qie es un país demasiado joven. Yo pongo el contraejemplo de Eslovenia, que incluso forma parte de la zona euro. Argelia no evoluciona con cuarenta años de retraso, porque esos detalles en los que vemos la España de nuestros abuelos corresponde en realidad a una etapa de país en vías de desarrollo de la que no creo que Argelia vaya a salir en un plazo más o menos corto, el de una generación.

Pensaba en esto cuando leí ayer en la prensa, por cierto que en la digital, que este viernes se celebró el vigésimo aniversario de la creación de Internet. Hace veinte años nadie siquiera soñaba con esta forma de comunicación que nos ha cambiado la vida. Realmente, hace veinte años yo ni siquiera sabía usar un ordenador. fue entonces cuando me decidí a aprender a utlizar programas como Lotus, del que lo único potable eran las hojas de cálculo. El procesador de textos más utilizado era Word Star. Poco después conté con mi primera versión pirata de un paquete integrado llamado Windows, que en aquella versión 2.0 no sustituía a los comandos del sistema operativo MS-DOS.

En 1993 vine a trabajar a Argelia. En España yo conocía una cosa llamada Ibertex, una especie de páginas del teletexto de la televisión pero a través de la línea telefónica desde una terminal de ordenador, que podría decirse que era el primer paso de Internet. En Annaba, donde fui a trabajar, me encontré con que no tenía ordenador, ni siquiera máquina de escribir. Fue todo un éxito conseguir que la dirección de la empresa pública de siderurgia SIDER aporbara la adquisición de uan máquina eléctrica con memoria para ese español que estaba siempre protestando por su carencia de medios occidentales. Ni siquiera el Director de Proyectos de una empresa que entonces contaría con unos doce mil trabajadores disponía de algo tan avanzado. Por aquel entonces, verano de 1993, tenía que acudir a una papelería a adquirir el papel higienico y a un locutorio público para hacer una simple fotocopia, en lugar de los manuscritos con papel de calco de cualquier annabita.

Poco después, febrero de 1994, me trasladé a trabajar a Skikda, a la terminal de gas licuado argelino, con una empresa española que disponía de los medios de trabajo habituales en España, incluido un ordenador con su hoja de cálculo de Lotus 1-2-3 y su procesador de textos de Word Perfect. La empresa para la que trabajábamos era la Sonatrach, la más importante de Argelia, porque es la que cuenta con el monopolio de los hidrocarburos. No sé si la situación era comparable con la de Annaba, pero en Skikda era ya habitual contar con ordenadores, o al menos máquinas de escribir.

Al regreso a Bilbao, en el año 1995, tuve mis primeros contactos con el mundo de Internet, entonces desconocido para casi todos. No existían cibercafés. El primero se abrió en Bilbao un par de años más tarde, por supuesto dentro de una cafetería, porque de ahí le viene el nombre, enfrente de la tienda del Athletic en San Mamés. Tres años más tarde regresé a Argel. Cuando llegué apenas nadie conocía lo que era Internet, pero en menos de un año supuso un boom. Los cibercafés surgían como hongos y muchos jóvenes argelinos querían acceder a esos televisores en los que se podían ver guarradas incluso más atrevidas que las de las revistas pornográficas.

Actualmente el uso de Internet en Argelia se ha normalizado y es una herramienta de trabajo tan necesaria como en cualquier otro país occidental. Y sólo hace veinte años de todo esto.

viernes, 13 de marzo de 2009

De feria desde hoy

No suelo comentar asuntos del trabajo, pero tampoco es normal que estos me coman todo el tiempo libre, incluido todo un fin de semana. Y es que hoy viernes se inaugura en Argel el certamen Batimatec. La crisis que sufre el sector de la construcción en España ha hecho que muchas empresas lancen su mirada al mercado argelino, en el que las posibilidades de trabajo son francamente mucho mejores.

Yo no me puedo quedar al margen. Supongo que en los próximos meses serán aún más las empresas del sector que se decidirán a apostar por este nuevo mercado. Nuevo para ellas, claro. Lo que quiero hacer es estar preparado, saber con quiénes pueden alcanzar acuerdos, conocer las necesidades, los nichosd e mercado, la manera de afrontar el acceso... Eso, que es mi trabajo en general, debo dominarlo más aún para todo lo que es construcción, obra pública y sus industrias auxiliares.

Voy a pegarme un atracón de feria, me temo, porque el tiempo que dedique a hablar con unos y con otros vale su precio en oro.

Una feria tiene su encanto; más aún en Argelia. El pasado domingo fui al certamen titulado Jouvençal, que se celebraba en el llamado Palacio de Cultura, un verdadero palacio construida sobre una colina del barrio de Kouba en el que tiene su sede el Ministerio de Cultura. Era el 8 de marzo y aquello estaba lleno de mujeres. Me decían, y lo decían en serio, que es debido a que en muchas famlias ese día el marido le deja a su mujer salir por ahí y aprovechan las mujeres para visitar una feria de productos básicamente femeninos en ausencia de los hombres. Lo cierto es que se formó un tumulto tremendo a la entrada, debido a que una multinacional de productos limpieza empezó a regalar muestras de detergente. Llegaron incluso a romper la puerta de acceso, con la policía absolutamente desbordada. Mientras tanto, yo estaba con un empresario argelino que está introduciendo en Argelia un producto absolutamente español: crema de belleza a base de baba de caracol.

En otras ferias puede encontrarme con un stand tan sugerente para mí como el de la fotografía.
La foto la tomé dentro del llamado pabellón USA de un certamen anterior. Me resultó además chocante, porque la empresa envasadora para la región centro de Argelia, llamada Fruital, pertenece a la española AGBAR.

Hay otras veces que un stand de feria se traslada mentalmente a otro país. Suele ocurrir con los de países de Extremo Oriente, pero en Argelia puede uno sentirse perfectamente trasladado a Afganistán.
En fin, que si no escribo en unos días es por falta de tiempo.

jueves, 12 de marzo de 2009

El anuncio del Consulado

En el periódico argelino Liberté del pasado día 4 de marzo se publicó un anuncio del Consulado General de España en Argel en el que anunciaba que se abría un concurso para proveer una plaza de Recadista-Conductor. El anuncio dejaba muy clara la dirección en la que se podían recoger las condiciones del puesto, dónde presentar las candidaturas y el plazo de presentación, hasta el 15 de marzo. Más aún, advertia de que era exclusivo para profesionales.

Yo no leí el anuncio, pero no me hizo falta. Ese mismo miércoles me llamaron tres personas, convencidas de que yo podía hacer algo para enchufar dentro del Consulado de España a un pariente o amigo. Yo creo que no se han creído ninguna de mis tres afirmaciones: que no tengo nada que ver con el asunto; que no tengo ninguna posibilidad de intervenir; y que estoy convencido de que es un proceso que no se resolverá por enchufe.

Es muy difícil quitar de las mentes de la mayoría de las personas la idea de que todo se consigue gracias a conocidos, que un concurso-oposición es una mascarada para dar apariencia a algo que se cuece en un despacho. Supongo que con la experiencia que se tiene en Argelia de que hasta las elecciones presidenciales resultan una pura obra de teatro, se pensará que enchufar a un amigo como chófer es algo de lo más normal.

Es curiosa la pasión que tiene mucha gente por conseguir un puesto de trabajo como chófer o como vigilante con una empresa extranjera. Son los dos puestos más demandados, el sueño de muchos argelinos. Yo me pregunté muchas veces la razón de esa querencia, que afecta incluso a personas capacitadas para trabajos que exigen mayor formación y responsabilidad. La respuesta me la dió una argelina. Me dijo que la mayoría de los hombres argelinos no desean trabajar, sino ganarse un gran sueldo sin hacer nada. Para ellos, las empresas extranjeras son grandes pagadoras y los puestos de vigilante o de chófer suponen simplemente estar ahí quieto, sin apenas dar ni golpe. Creo que no le falta razón.

miércoles, 11 de marzo de 2009

A sablazos con la prensa

El lunes, festivo en Argelia por conmemorarse el aniversario en el calendario musulmán del nacimiento de Mahoma, acompañé a una compatriota al Aeropuerto Internacional de Argel, ya que tenía que tomar un avión de regreso a España. Pasé varias horas en el aeropuerto, tanto haciéndole compañía como luego curioseando por las diferentes tiendas del vestíbulo principal.

A veces las cosas ocurren por casualidad. Yo realmente me entero de muchos asuntos por puro azar. y así courrió con historia de hoy. Me acerqué al principal puesto de prensa para curiosear las publicaciones expuestas. He estado realizando por razones de trabajo una relación exhausitva de revistas editadas en Argelia y todavía intento encontrar alguna nueva; cosa que, por cierto, conseguí.

Muchas de las revistas que se venden en el aeropuerto están editadas en Francia. Creo que es uno de los quioscos mejor surtidos del país. Por mi cabeza pasaba acercarme a preguntar si existe demanda de prensa o revistas españolas y me sorprendió que la dependiente y quien supongo que es el dueño del quiosco se sintieran inquietos por mi estancia. Algo raro ocurría, mi presencia física no era la de un ladrón, así que me mantuve al margen pero observándolo todo. Casi simultáneamente se acercó otro señor que abordó al responsable el sitio para preguntarle por lo sucedido con la revista francesa Afrique Magazine. Yo no entendí nada, alguien se la había llevado. Pero eso me puso sobre aviso.

Este martes, por curiosidad, traté de saber qué es lo que había podido ocurrir. Y me encuentro primero con un comunicado de la llamada Secretaría de Estado de la Comunicación, diciendo que el último número de la revista ha sido prohibido en Argelia y los ejemplares puestos a la venta confiscados por atentado a los valores nacionales, en palicación del artículo 07/90 de la Ley de Prensa, llamada código de la información.

Más de uno se preguntará si se proferían insultos al pueblo argelino, se reproducían las viñetas famosas de Mahoma, se ensalzaba al OAS del fin de la época colonial. O simplemente se injuriaba a la bandera del país. Pensé realmente que se criticaba la política antiterrorista argelina, quizás porque en mi cabeza ya rondaba el aniversario del 11-M. En fin, que me quedé al principio con la curiosidad de saber lo que se entiende por valores nacionales.

La revista prohibida lo que publica es un dossier titulado "El crepúsculo de los generales", que comienza explicando cuál fue la relación del actual presidente, Bouteflika, con los militares que de hecho gobernaban el país y a qué precio consiguió hacerse con la Presidencia, en unas elecciones en las que todos los demás candidatos acabaron retirándose ante la evidencia del fraude.

Lo curioso es que el artículo no deja en muy mal lugar al actual Presidente, porque manifiesta su habilidad para hacerse con el poder efectivo y reducir la influencia de los que en Argelia todo el mundo llama "los generales". Ello invita a pensar que esta censura no pretende defender la imagen del Jefe del Estado, sino que puede responder a la rabieta de algún militar con muchas estrellas que aún cuenta con poder suficiente para forzar el secuestro de una publicación.

martes, 10 de marzo de 2009

Mirando al mar

Raro es el día que no recibo un correo de alguien, para mí hasta entonces desconocido, que me dice que me ha conocido por el blog y que por alguna circunstancia, eso ya varía en cada caso, me he convertido en un ser asiduo a su vida. Gente que me lee para saber más de Argelia, porque le ha llegado mi forma de escribir, porque se ha enamorado de alguien de este país, porque le reconforto sin saberlo en su enfermedad. No sé, cada uno es un mundo. Escribía hace unos días que es una responsabilidad que al final me agobia, porque no estoy aún en condiciones de asumir que en parte otrso dependen de mis esfuerzos. Es curioso, con la cantidad de cosas que he hecho en mi vida por otras personas, ahora que me siento débil tengo mucho miedo a fallarles. Porque sé que les voy a fallar.

Hoy mismo voy a decepcionar a mucha gente. Lo siento, pero no puedo escribir. Ni colgar lo que tenía ya escrito. Hay veces que uno descubre que sus frases causan daño sin quererlo, que preferiría no haberlas escrito. Pero la vida no tiene marcha atrás. En esos casos, casi es mejor no dar tampoco marcha adelante, no vaya a estropearlo aún más.

Dejo una fotografía del Mediterráneo en Argel, de un puerto pesquero al atardecer con el perfil de la ciudad de Argel en el horizonte.
Esta foto resume mi estado. Ahora me gustaría estar ahí, mirando al mar y con los pies en el agua. Y no triste frente a un ordenador, con la cabeza al otro lado de ese mar.

lunes, 9 de marzo de 2009

Una conversación real

El sábado pasé unas cuantas horas en las oficinas centrales de Correos de Argel, tratando de arreglar el problema de mi conexión a Internet. La llamada PTT ofrece el monopolio de entrega de correspondencia, el monopolio de hecho de telefonía fija, el casi monopolio de servicios telefónicos añadidos y es uno de los proveedores de acceso a Internet. No fui yo quien lo escogí, sino el propietario de mi casa durante mis vacaciones de Navidad, porque me repararon la línea fija el día que yo me iba a Bilbao a pasar las fiestas.

Mi primera sorpresa fue una factura de 55 minutos de llamadas a móviles en diciembre, cuando yo no estaba. He acabado pagándola, porque el tiempo que llevaba ya perdido de diferentes gestiones y el que aún me faltaba por perder valía mucho más.

Cuando regresé tras las Navidades comprobé que el acceso a Internet no funcionaba. Me costó tres semanas que me atendieran y descubrieran que me habían vendido un cable de red defectuoso. Todo ello tras varios diagnósticos de que el problema estaba en mi ordenador. Ya planeaba en mi cabeza la idea de comprarme uno nuevo, ante tanta insistencia de los supuestos técnicos argelinos.

Cuando llevaba menos de dos semanas con Internet me ausenté durante unos días para acudir al control médico periódico al que aún estoy sometido. Al regreso, como me temía, aquello ya no funcionaba.

He intentado por todos los medios que alguien se lo tomara en serio. Cada vez que acudo a la PTT la disculpa es diferente. Un día me faltaba el número de contrato del servicio. Otro la copia de mi contrato de alquiler para demostrar que soy parte interesada. Este finalmente, conseguí saltar varias barreras.

Primero me dirigí al servicio llamado Fawri, porque existen tres diferentes y ese es el que al parecer tengo yo contratado. Tras esperar veinte minutos, la persona que me atiende sólo me dice que perfecto, que haga cola en una mesa de al lado, donde me toarán los datos para repararlo. Esa nueva mesa era común para todos los servicios y alli comprobaban de manera electrónica el tipo de servicio contratado. ¿Por qué no me atendieron a mí alguno de los dos sábados anteriores, si en realidad no necesitaban que yo les dijera el nombre comercial de mi servicio de acceso a Internet?

Cuando me corresponde el turno, la señorita introduce todos los datos de la avería en su ordenador y me dice que ya está. Yo respondo:

- ¿Ya está quiere decir que ya funciona desde ahora Internet en mi casa?
- No, se ha registrado su avería. Ahora tiene que esperar.
- ¿Cuánto?
- Ah, yo no lo sé. Normalmente dos, tres días. Pasarán por su casa.
- Pero no ha apuntado mi número de móvil. ¿Cómo me van a avisar?
- Usted tiene que estar en casa de 9 a 4.
- Yo trabajo.
- No hay problema, su mujer.
- Vivo solo.
- Ah, lo siento, es el procedimiento. Si no está se anula su solicitud de reparación.
- Oiga, desde el 25 de diciembre me ha funcionado doce días en diez semanas. De aquí no salgo sin mi conexión reparada.
- Tiene que ver al director de la agencia.
- Bien, ¿quién es?
- En el primer piso.


Con mi bolsa de plástico en la que llevo el módem, todos los cables, el contrato de servicio, la factura del teléfono y el contrato de la vivienda consigo que me permitan subir al primer piso. Muchos despachos con gente hablando, pero ninguna placa que diga “chef d’agence” o algo parecido. Pregunto en el despacho que aparenta ser más importante y me dicen que ha salido y no regresará, Inshallah, hasta las cuatro de la tarde. Me vuelvo a calentar, reclamo ante la estafa y me dicen que una de las allí presentes, Lamia, es la responsable de ese servicio Fawri y que me va a poner en contacto inmediatamente con el técnico. Desaparece y yo sigo esperando. Al final otra compañera suya tiene que ir a buscar a Lamia, que acaba regresando para acompañarme de nuevo a la planta baja, donde se atiende al público. Allí está el técnico discutiendo con una clienta a la que le dice que el problema de su teléfono es que ha sido bloqueado y que sólo se lo pueden desbloquear si hace una solicitud manuscrita (literal, no me lo invento) explicando su necesidad de que se le desbloquee el teléfono. Con resultar kafkiano, no lo es menos la conversación que oigo en la mesa de al lado en la que le dicen a un señor mayor que no pueden darle la factura detallada de su consumo porque en la solicitud no ha incluido el sello de su sociedad. Él responde que no es una sociedad, sino un comerciante y le insisten en que aporte entonces la copia del Registro de Comercio y el certificado de que es el gerente. Yo no llego a entender qué tiene que ver la falta de un sello de empresa con un certificado de gerente, pero el hombre se va sin rechistar demasiado.

Al cabo de un rato de escuchar conversaciones mitad árabe y mitad francés, el técnico me atiende, pero para preguntarme cosas sobre España. Me acaba diciendo que tengo suerte de ser vasco, porque le caemos bien y va a hacer la excepción de atenderme hoy, igual que cuando le viene un francés hace la excepción de darle preferencia si es corso o bretón. En fin, tengo que mantener la sonrisa. Me dice que me siente a esperar y desaparece. Al cabo de un rato vuelve para seguir pululando entre clientes que le plantean diferente cuestiones. Hay quien viene con un cable de red, con un módem como el mío, o con una especie de clavija alargada que no sé para lo que podrá servir. Al cabo de unos minutos se me acerca y me dice:

- Vous m’excuserez quelques minutes, je vais faire ma prière et je reviens.

Lo trascribo así, sin traducir. Para quien no le entienda, que le disculpe unos minutos que se va a rezar y vuelve. Miro la hora. Son más de la una y media y yo sigo en la Grande Poste.

No sé lo que ha rezado o ha dejado de rezar, porque no ha tardado mucho en regresar, pero para seguir atendiendo de pie a diferentes personas, hasta que finalmente se ha sentado en una de las mesas a atender a los clientes a los que nos había dejado a medias por al sala. Cuando me ha tocado el turno ha instalado mi módem en un ordenador, para realizar un diagnóstico a través de un programa ya instalado. Finalmente me ha dicho que hay un problema, que está estropeado. Y ahí se quedaba la cosa. Yo le he respondido que necesito otro y entonces ha discutido en árabe del asunto con una compañera suya. Al final se vuelve hacia mí:

- Está estropeado al 95%, pero hay que confirmarlo.
- ¿Cómo? ¿Cuándo?
- ¿Usted no sabe de qué color se enciende esta lámpara led en su casa?
- No, no me acuerdo.
- Es que para darle otro módem tiene que aprobarlo el jefe de servicio y necesita el “avis favorable” (visto bueno) del técnico que está asignado a este servicio. Y hoy no está. Venga mañana.
- No puedo, mañana trabajo.
- ¿No tiene un amigo que le haga ese favor?
- Mis amigos trabajan. Me gusta tener amigos que trabajen.


Creo que no ha notado el tono irónico de mi última frase. Menos mal, porque me he arrepentido nada más expresarla.

- Entonces otro día, Inshallah.
- Pero el lunes ustedes no trabajan. ¿Si lo dejo aquí, me lo cambian, y dejan el nuevo en una bolsa a mi nombre?
- No, dígale a alguien que venga y pregunte por mí. Y si es español mejor, porque yo quiero aprender español.
- Aquí cerca tiene el Instituto Cervantes, dan clases de español.
- Es que me voy a casar con una española. Ella me quiere y va a venir a por mí. Estuvo antes en Argel y bueno... qué mujer. Me besaba aquí fuera, delante de todos. A ella le daba igual.
- Porque eso es normal en España.
- Un día nos detuvieron y me preguntaron por qué besaba a una extrajera si no estaba casado con ella. La policía no entendía cómo esa mujer me besaba así. Y a ella después también le daba igual.
- ¿Hace mucho de eso?
- Ahora está en España. Yo quería ir pero me dice que no, que va a venir ella. Y luego nos iremos a Canarias, porque tiene una residencia secundaria en Canarias. Y me olvidaré de Argelia, del trabajo.
- Espero que del ADSL no.
- Ah, el ADSL también. En Canarias hace un clima estupendo.
- Bueno, pero no hay que olvidar mi ADSL no, por favor.
- No, no. Mande a alguien mañana.
- De acuerdo, gracias.


Esto es un servicio oficial a la argelina, en el que se mezcla lo personal con lo profesional. Y cuando no se mezcla, no funciona. Claro que a mí me sigue sin funcionar...

domingo, 8 de marzo de 2009

Las viñetas de Dilem

La estrella de la prensa argelina es cada día la viñeta del dibujante Dilem en la última página del periódico Liberté. Se trata de un espacio muy crítico con muchos de los defectos argelinos, incluidos los políticos. Lo cierto es que a veces roza el mal gusto, pero la gente lo acepta de buen grado como un espacio en el que se manifiesta una visión contraria a la política general del país, pero sin salirse de unos cauces que tampoco molestan demasiado a los que mandan.

Suelo decir que cuando se llegan a entender las viñetas con rapidez es que se está al dia de lo que sucede en Argelia. Desde luego, el anuario de Dilem, con todas las viñetas publicadas a lo largo del año, es un muy buen libro-agenda con los principales acontecimientos de cada año.

Con motivo del 8 de marzo, Dilem dedica una viñeta al llamado en Argelia "Día Internacional de la Mujer". Reproduzco aquí los de los últimos cuatro años.

En 2006 veíamos a un argelino que le decía a su mujer, cubierta con un velo que le impide ver, que le iba a regalar un perro lazarillo.

En 2007 volvía al tema del regalo, en esta ocasión una corona mortuoria de flores, recordando a tantas mujeres argelinas que sufren malos tratos en el hogar. No existen cifras oficiales, porque en general se sufre en silencio, ya que está incluso mal visto denunciar algo que para muchos hombres forma parte de sus derechos como esposo, el de "educar" a su esposa.

El año pasado, Dilem presentó una de esas viñetas en las que cada detalle lleva un mensaje subliminal. Veíamos a una mujer que expresaba su satisfacción porque ese día era su marido quien cocinaba. La mano del marido muestra cómo la comida de su esposa es servida en el plato del perro.

Y, finalmente, este año 2009 juega con la coincidencia de fechas con el Mulud o Mouloud, la fiesta del nacimiento de Mahoma, que cae en 9 de marzo. La víspera por la tarde, este mismo domingo, es cuando se tiene por costumbre lanzar petardos, encender bengalas e iluminar una vela en el hogar. En la viñeta, la mujer va a salir a la manifestación de mujeres. El marido le pegunta qué hace y responde que lanza petardos; en realidad se trata de tampones de higiene íntima femenina.

sábado, 7 de marzo de 2009

El portal-picadero

No voy a escribir sobre el nuevo atentado suicida de este sábado en la Cabilia, en Tadmait, antes de llegar a Tizi Ouzou. Ya sabemos que es una región peligrosa. En casi nada afecta a la vida de lso que estamos en Argel en Orán, en Annaba o en el sur. Lo único, la constatación de que han regresado después de varios meses al atentado suicida.

Quería hablar de este nuevo fin de semana que, como todos, está de más. Cuando formas parte de la sociedad, cuando tienes establecido tu hogar en el país, los días de descanso suponen una oportunidad de dedicar algo más de tiempo a uno mismo, a tu entono. Pero, si no se tiene apenas más razón que la laboral para continuar en Argelia, ¿qué se puede hacer a falta de trabajo? Supongo que lo que necesito es un grupo de personas con las que compartir más momentos de mi vida. Pero es lo que hay.

Este viernes estaba prevista la celebración en Madrid de la única clase presencial de mis cursos de doctorado. El miércoles vi incluso la posibilidad de poder acudir, pero un malentendido me dejó sin viaje. Yo notaba que lo necesitaba. Lo sigo notando. De la misma forma que hace un año por estas fechas necesitaba unas días de desahogo tras una serie de varapalos seguidos, el último de ellos la caída de un árbol sobre mi coche, esta vez he acumulado muchos momentos de tensión, el más importante el de la persecución nocturna que relaté hace unos días. Tengo miedo de hacer crack y volver a pasarme cinco meses de baja.

Me he pasado el viernes preparando un examen que al final no sé si tiene lugar el sábado, si se ha anulado, o si ni siquiera se ha cursado mi matrícula. Por la tarde ya no podía más, con la moral por los suelos, ataque de ansiedad incluido, y decidí salir por ahí para dejar transcurrir unas horas vagando. Una invitación a cenar me sacó del agujero.

Ahora mismo vivo en Argel en continua tensión. La penúltima la ha protagonizado una cucaracha, una más, en mi oficina. Omito los detalles. Poco después, al regresar de madrugada a casa, he visto que en el portal de mi escalera no se encendía la luz. No me ha importado demasiado, ya conozco después de cuatro meses dónde está cada cosa. No obstante, caminar por el portal es a veces difícil porque se llena de bolsas de plástico que entran de la calle para darle ese aspecto de paisaje de la India. Esta vez, incluso en el felpudo que se sitúa en el pequeño escalón que baja al rellano de la puerta del ascensor había una bolsa. O eso he creído yo hasta pisarla y oír unos gritos. Eran dos gatos, allá acurrucados, que permanecían probablemente dormidos, porque no se habían movido en todo el tiempo. No sé quién de los tres se ha llevado un susto mayor, porque yo he creído que se trataba de una persona que se me abalanzaba. Luego he tratado de consolar al pobre gato que se ha quedado allí frente a mí. Por las miradas que me ha echado, me temo que le he estropeado una noche de amor desenfrenado. Pero es uno de los problemas de Argelia, la falta de espacio privado en los hogares.

viernes, 6 de marzo de 2009

La Batalla de Argel

El otro día estuve viendo en mi casa, con unos amigos, la película La Batalla de Argel. La verdad es que no pude verla demasiado bien, pero es el peaje que se paga cuando se es anfitrión y toca atender a los invitados. Además, se trataba de un pequeño experimento de cine casero aprovechando una pared de tres metros de largo casi pensada para pantalla gigante de cine de verano.

Se trata de un film emblemático, por muchas razones. Fue rodado en el año 1965 en blanco y negro por un director italiano llamado Gillo Pontecorvo, en España conocido por “Operación Ogro” y que con este crudo relato de la revolución argelina fue incluso nominado al Óscar de Hollywood como mejor director (también fue nominada para mejor película extranjera y mejor guión adaptado, pero no obtuvo ninguna de las tres estatuillas).

El proyecto de esta película surge de una conversación de un dirigente del FLN argelino y jugador de fútbol, Yacef Saadi, con el primer presidente de Argelia, Ben Bella. Este sabe del guión cinematográfico del futbolista y le encarga encontrar un director para rodarla. El proceso de investigación de Pontecorvo dura dos años, al final de los cuales casi no queda del guión original de Saadi, que acepta los cambios a cambio de interpretar un papel importante en la película, el personaje de otro Saadi, de nombre Kader. El director decide filmarla íntegramente en Argel y servirse de gentes de la Casbah como extras. Durante los cinco meses de rodaje no se habla de otra cosa en Argel que de ese director italiano que va a inmortalizar la lucha por la independencia.

Para hacer el papel de los colonos franceses Pontecorvo también se sirve de europeos que en esos momentos están en Argel. Puedo contar como anécdota que un español ya jubilado, antiguo jefe mío, que en esos momentos estaba trabajando para una importante constructora española y que luego pasó a la administración pública, con la que años más tarde regresó a Argelia y ocupó un alto cargo, participó en la película como extra. No puedo dar su nombre sin su permiso.

Cuando se acabó de filmar la película la situación política argelina había cambiado. Los idealistas en el gobierno fueron derrocados por un golpe de Estado dirigido por Bumedián, que instauró un régimen marxista alineado con la Cuba castrista, tampoco demasiado diferente del actual, y que con un joven Abdelaziz Bouteflika como Ministro de Asuntos Exteriores hizo de Argel el refugio de muchos grupos terroristas internacionales, entre ellos la ETA. Los nuevos líderes estaban copiando para ellos mismos el modo de vida que en la película se muestra en los colonos, algunos de los héroes que aparecían en la película se mostraban críticos con el golpe de Estado y la película era un empeño personal de Ben Bella. Pero, sobre todo, se muestra la lucha como un conjunto de voluntades individuales al servicio de una causa y sin articular una cadena de mando, un planteamiento ideológico distinto al de los nuevos dirigentes. Con todo ello, hasta cuatro años más tarde no pudo exhibirse en los cines argelinos.

Si se analiza la película, esa “batalla de Argel” es el relato de la lucha entre los hombres del Coronel Mathieu y unos jóvenes salidos de la Casbah de Argel, con victoria de los militares franceses. Se ensalza la figura de quienes deciden no morir y entregarse en el último momento, porque, como el mismo Mathieu dice, en vida siguen sirviendo a la causa. Y, efectivamente, los jóvenes de la Casbah pierden esa batalla de Argel pero ganan la guerra de la independencia cuatro años más tarde.

La principal crítica que recibió el film en su momento fue su planteamiento ideológico, cercano al Partido Comunista Italiano, mostrando con igual crudeza la represión militar y el terrorismo, pero mostrando sólo el sufrimiento causado por aquélla.

Cuento todo esto para animar a los que leen el blog a visionar una película rodada a pocos metros de mi actual domicilio y en la que quedan muy bien reflejadas las maneras de ser y pensar de estas gentes. Han pasado casi cincuenta años y las formas de vestirse y de relacionarse son muy diferentes, pero el relato conserva una gran frescura. Yo no soy experto en descargas ni legales ni paratas, así que no me siento capaz de ofrecer un link a una página desde la que descargarse La Batalla de Argel. El DVD que tengo es original, de Filmax.

jueves, 5 de marzo de 2009

El Athletic a la final

Esto no tiene nada que ver con Argelia, sino con mis sentimientos. Mis sentimientos de bilbaino y de hincha del Athletic.

He esperado veinticuatro horas para no escribir en caliente. Y ahora ya me permito manifestar mi alegría porque mi equipo de fútbol se ha clasificado para la final de la Copa del Rey de fútbol.

Intentaré estar en Valencia el 13 de mayo. Vaya que sí. De momento estoy buscando desesperadamente entradas.

Sé que la gente que no es de Bilbao ni del Athletic no me va a entender, más bien les parecerá una extravagancia o un forofismo exacerbado. En cambio, todos, sin excepción, me entienden en Bilbao. Y es que es lo que más nos une a todos, por aquello por lo que un pueblo con tantas fracturas y diferencias se alegra y llora junto, abuelos y nietos. Y necesitamos tanto tener algo bueno que celebrar que creo sinceramente que nadie se lo merece tanto como nosotros.

El 13 de mayo es una fecha histórica. Para quienes gusten de saber de aventuras del pasado, un 13 de mayo se firmó la Paz de las Alpujarras. Se cuenta que un morisco llamado Fernando de Córdoba, pero que conservaba su nombre árabe, quiso convertir el régimen que se mantenía de tolerancia hacia su culto en un poder político y se nombró rey de las Alpujarras. Felipe II envió allá a su hermanastro don Juan de Austria, que acabó de forma sanguinaria con la rebelión y además expulsó a todos los moriscos supervivientes, excepto a dos por cada localidad, y ofreció las tierras a nuevos colonos del norte de la península que habían ayudado a sofocar la rebelión. Don Juan de Austria, por cierto, se llamaba en realidad Jerónimo y fue reconocido en la familia real por su hermanastro, ya que hasta sus últimos días Carlos I no había confesado su existencia. Su destino era ser religioso, probablemente Cardenal de Toledo, pero le gustaba demasiado la vida militar y tuvieron que aceptarle en esa nueva función, en la que destacó por su arrojo luchando contra los musulmanes. Por cierto, que estuvo en Argelia, en Orán.

Otro 13 de mayo, esta vez de 1991, un musulmán llamado Alí Agca atentó contra la vida del Papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro de Roma. y el 13 de mayo es también la festividad de la Virgen de Fátima, el día en el que se les apareció a tres pastorcillos en Cova de Iría.

Si esta noche del 2009 se nos aparece también a nosotros, acabaremos con 25 años sin poder celebrar nada en Bilbao. Y pueden tener todos por seguro que el día 14 no se trabajará en Bilbao. Porque allí son del Athletic hasta las amatxus a las que no les gusta el fútbol.

Los últimos días de Murad

Hace un par de semanas comentaba, en un post titulado “Todos muertos” que a mí no me produjo ninguna satisfacción interior saber que los principales implicados en el atentado terrorista que sufrimos hace casi quince meses estaban así, todos muertos. Lo escribía a raíz de una operación antiterrorista desarrollada en Bumerdés, en la que resultaba muerto en una emboscada urbana el líder del grupo más sanguinario del GIA, que es quien había dado orden de hacer explotar dos coches bombas en Argel aquel 11 de diciembre de 2007.

Yo conocía bastantes datos de esa acción antiterrorista que acabo de comentar y sé que la información al respecto está sometida a fuerte censura en Argelia. Me cuidé mucho de dar excesivos detalles y es posible que al usar la autocensura llegara distorsionado mi mensaje. De hecho, una buena amiga me escribió un correo afeándome mi falta de humanidad. Ya le expliqué que lo que quise manifestar era que no tengo un espíritu vengativo y que no buscaba su muerte, porque eso nada cambia las cosas.

Creo que ha transcurrido ya el tiempo suficiente para poder explicar cómo se desarrolló esa acción antiterrorista. Omito muchos detalles y modifico algún pequeño dato. Ya que en Argelia no se pueden contar libremente los detalles de las acciones antiterroristas, antes deben ser aprobados por la segurida del Estado, lo que hago es un ejercicio novelístico. Un guión de acción, digamos que basado en hechos reales en un 90%.

Todo comenzó el día de la fiesta del cordero, hace tres meses. las fuerzas de seguridad habían acumulado ya pruebas suficientes sobre unos colaboradores de un grupo de apoyo a Al Qaeda del Magreb y aprovechó que se reunieron en familia para participar de la matanza del cordero para entrar en acción y tomar al asalto un edificio de Bumerdés. Hubo varios muertos y detenidos. Entre estos últimos se encontraba Murad, nombre ficticio, un joven de la región, de familia sencilla y muy bien considerado entre sus conocidos, musulmán practicante, que había sido tentado por conocidos para colaborar con un grupo terrorista. Curiosamente, Murad trabajaba en una empresa de material de construcción de las cercanías cuyo propietario es un militar retirado. Las fuerzas de seguridad le retuvieron durante cinco días, sometiéndole a fuerte presión para que contara todo lo que sabía. El joven colaboró bastante, pero tampoco conocía el lugar de las montañas de la región en el que se escondían los miembros de Al Qaeda. Entonces le propusieron un trato: seguir manteniendo contacto con el grupo terrorista hasta llevar al ejército a una pista segura. De hacerlo se le aplicaría la ley de arrepentimiento y se le facilitaría un trabajo mucho mejor pagado que los menos de quince mil dinares que ahora ganaba. De no colaborar, tendría que acudir a juicio acusado de terrorismo.

Murad aceptó el trato ofrecido, pero lo estuvo pasando mal durante bastantes días. Tenía novia formal y dentro de muy poco se iba a celebrar la boda. El acuerdo le permitiría disponer de los medios para crear una familia y además romper con una dinámica en la que se había metido más por amistad que por convencimiento personal. En realiadd no conocía nada de esa célula de Al Qaeda y ahora su trabajo era intentar ser aceptado. Los siguientes días trató de hacer vida normal, pero se le veía muy nervioso. Fijaba sus citas furtivas en horario de trabajo, del que tenía que ausentarse de manera clandestina, aprovechándose de unas obras que se efectuaban en la finca colindante. Finalmente pudo fijar la cita con el jefe del grupo terrorista en el lugar llamado Corso, una zona turística de las afueras de la ciudad de Bumerdés. Sería a plena luz del día y en un bulevar en el que incluso en invierno hay gente paseando.

Tras aparcar el coche los dos hombres se ven y Murad no puede soportar más la presión. El terrorista ha sospechado que algo ocurre y actúa rápidamente. A su vez, Murad es presa del pánico y sale corriendo. El terrorista desenfunda un arma de fuego y dispara contra Murad, al que una bala atraviesa el cuello, muriendo en el acto. El ejército dispara repetidamente contra el terrorista, convirtiendo durante un buen rato la zona en el escenario de muchas reacciones de pánico.

Oficiosamente a la familia de Murad se le ha dicho que ha caído en acto de servicio y que recibirá ese tratamiento de víctima del terrorismo, a efectos económicos. Oficialmente se informa de que en la actuación no se han producido daños físicos a los viandantes.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Petardos

Ayer estuve paseando a última hora de la tarde por el centro de Argel.

Primero acudí al Instituto Cervantes, donde se ha inaugurado uan exposición de fotografías de Valencia y de una película titulada El tranvía de Malvarrosa, si no recuerdo mal. Creo que llevo ya las semanas suficientes en Argel como para echar de menos el ambiente de esas calles valencianas... o de cualesquiera otras occidentales.

Luego continué curioseando por las calles del centro. Por todas partes se encuentran ya puestos de venta de petardos, para la fiesta del Mulud del próximo lunes. Lo que en teoría es una fietsa familiar, encendiendo velas para conmemorar el nacimiento de Mahoma se ha convertido en una ocasión para montar una mascletá en toda regla y un intento por parte de los más gamberros de causar daño con el uso de petardos, cuando no de mecanismos de mayor carga explosiva.

Oficialmente está prohibida la venta de petardos, pero se comercializan abiertamente al público. La calle Meissonier es una de las más conocidas para realizar compras en Argel. Realmente no se llama así, le cambiaron el nombre con la independencia del país, porque en esa época quedaba muy mal mantener a un pintor francés en el callejero y era mejor darle el nombre a un argelino muerto en un atentado kamikaze, por ejemplo. El caso es que en Meissonier vendían, junto a los típios petardos, unos explosivos enormes, de unos 25 centímetros de alto, a 35 euros la unidad. Yo creo que son del tamaño de los usados para las explosiones controladas de las canteras. Y, apoyado en el puesto de venta, estaba un policía. Esas mismas cargas explosivas se ven en el mercado de la Casbah.

A esa misma hora, curiosamente, la policía decidió confiscar estos explosivos de origen chino, que se estaban vendiendo en otro mercado, el llamado de Apreval, en el barrio de Kouba. La reacción de los jóvenes del barrio desembocó anoche en graves disturbios, con daños a vehículos e intento de incedio de un coche de la policía con los agentes dentro. El asunto acabó con el uso incluso de armas de fuego y varios heridos.

La violencia está muy incrustada en la sociedad argelina. Acudir a un estadio de fútbol se ha convertido en un acto heroicidad, porque rara es la jornada sin graves disturbios, en ocasiones mortales. Se ha llegado a dar el caso de que en una misma jornada de la liga de primera división argelina se jueguen cuatro partidos diferentes a puerta cerrada por diferentes sanciones derivadas de disturbios muy graves. En esa fecha del Mulud del año pasado se produjeron incidentes muy graves en el valle del M'Zab, con varios muertos en un enfrentamiento popular.

martes, 3 de marzo de 2009

Fuego naval

Me enseñaron de pequeño en el Colegio que Hernán Cortés, en la conquista del Imperio Azteca, decidió en un momento determinado, cuando ya había tomado tierra, quemar sus naves para evitar someterse a las órdenes del gobernador y cuñado (sus esposas eran hermanas), Diego de Velázquez, que nada tiene que ver con el pintor, que había ordenado el regreso de la expedición a Cuba. De esa forma, Cortés pudo continuar con su ambicioso plan de hacerse con las riquezas del imperio de Moctezuma, que había cometido la torpeza de ofrecerle regalos muy valiosos, despertando así la codicia de los conquistadores españoles. Y me contaron en la escuela que de ese episodio en el desembarco de Veracruz (llamado así porque era la festividad de Viernes Santo) surgió la expresión “quemar sus naves”, para significar la decisión tomada por alguien que rompe con la posibilidad de guardarse las espaldas (otra expresión castellana) para una posible marcha atrás en su decisión.

En Argelia me han contado ya dos veces la historia de que Tarik, el caudillo árabe a las órdenes del famoso moro Muza, que conquistó España el año 711, y que da nombre a la Punta Tarifa, quemó sus naves al llegar a territorio peninsular y que la expresión viene de ahí. No sé si es una leyenda como tantas otras que circulan en Argelia y que atribuyen a Mahoma y a los primeros musulmanes grandes heroicidades. Pero entiendo que mientras a mí me causa risa cuando un periódico como El Moudjahid, el de la propaganda del Gobierno argelino, narra con absoluta seriedad un viaje interestelar de Mahoma, a un musulmán le molestará que en mi opinión sólo pudo hacerlo sirviéndose de sustancias psicotrópicas. Por eso, en lugar de entrar a valorar de quien procedía la idea original de quemar las naves, lo que hice fue investigar un poquito. Primero descubrí que los árabes entraron en España por culpa de los vascos, ya que buena parte de las tropas del rey Rodrigo se hallaban luchando contra los vascos en el norte y llegaron a Andalucía cansadas y mermadas en efectivos. Luego descubrí que lo de Hernán Cortés fue hundir las naves, no quemarlas. Y la verdadera autoría del hecho había que atribuírsela a Alejandro Magno, que mostró a sus hombres que si querían regresar a sus hogares no les quedaba más remedio que hacerse con los barcos del enemigo..

Con esta pequeña lección descubrí que tanto en España como en Argelia tenemos tendencia a considerar en exceso a nuestros héroes. Posiblemente la imagen que se tenga en México de Hernán Cortés no difiera mucho de la que se tiene en España de los conquistadores árabes. Pero no era de eso de lo que quería escribir, sino de que yo he hecho lo mismo que Alejandro Magno y que Hernán Cortés.

Hace un mes y medio me llamó a Argelia la nieta de una vecina de Bilbao para preguntarme si estaría interesado en alquilarle mi piso de Iturrigorri, que permanece desocupado desde que me vine a trabajar a Argel, salvo cuando, como en las pasadas Navidades, he regresado por vacaciones a Bilbao. Le dije que me lo pensaría y que hablaríamos con motivo de mi desplazamiento médico del 9 de febrero. Y ese lunes día 9, a la salida del médico, hablé con mi vecina y le dije que sí, que se lo alquilaba.

Ahora tengo más claro que nunca que no voy a abandonar Argelia porque, entre otras cosas, tampoco tendría adónde ir.

Cuando tenga vacaciones siempre podré alojarme en casa de mis padres y realizar alguna visita por los alrededores. Como esta vez, que estuve en Portugalete y saqué esta fotografía del Puente Colgante, un trasbordador que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

En febrero del año que viene será momento para reflexionar si sigo en Argelia, pero no antes.

Modernidad

Empiezo con la advertencia de que este texto está incompleto. He dejado de escribir en un momento determinado por razones personales y luego ya no he sido capaz de completarlo. Lo cuelgo tal y como lo dejé...

Los cambios sociales suelen pasar desapercibidos para los que viven en una sociedad y sólo son conscientes de ellos cuando vuelven la vista atrás al cabo de un tiempo. Es como un hijo que crecen diariamente, pero que al verlo todos los días sólo cae uno en la cuenta cuando la visita esporádicamente dice esa frase que todos hemos odiado de pequeños de “uy, qué mayor está fulanito”.

En Argelia se está dando un importante cambio social que se ha acelerado a partir del otoño del 2007. Además de que existe una gran diferencia de mentalidad entre la generación que ahora cumple 18 años y la que ronda los 25, creo que es la primera vez que en Argelia es la juventud el valor en alza, el que impone modas y criterios, por encima de la experiencia, la costumbre o algo tan etéreo como “los valores nacionales”, expresión a la que algunos medios aún recurren con excesiva facilidad.

Desde occidente se pretende muchas veces establecer esta evolución en términos morales, de práctica religiosa, de comportamiento sexual o de vestuario. Es un error. La mayor o menor islamización de la nación no presupone mayor o menor modernidad o, para ser más preciso, mayor o menor grado de incorporación a la sociedad postmoderna.
Aunque son factores que corren muchas veces en paralelo y de función de experiencia. Creo que sí lo es, en cambio, la tolerancia; y, en ese sentido, las nuevas generaciones argelinas han ganado mucho terreno.

Donde yo más lo he notado es en el acceso a las nuevas tecnologías, el empleo del ordenador, la demanda creciente de líneas ADSL de Internet, la mensajería electrónica, las redes sociales. Les contaba hace poco a unos amigos cómo mi trabajo de analizar el mercado me gusta tanto que ejerzo incluso cuando estoy durmiendo. En las tiendas me fijo en las reacciones de clientes y vendedores, los precios, la forma de vender, las marcas, la disposición del género,… todo. Desde siempre, al entrar en un cibercafé cotilleo el historial del ordenador para saber cuáles son las páginas más populares. Antes ganaban de calle las páginas pornográficas, más que eróticas. Ahora ha cambiado incluso el perfil de los usuarios, incorporándose mujeres y menores de edad. Estos entran casi exclusivamente en juegos en línea, más o menos como en España. Los adultos lo hacen mayoritariamente a Youtube, seguido de Yahoo!, Google, Facebook y Hotmail, no necesariamente en este orden. ¿Acaso no eso, si incluimos el Marca, lo que se encuentra uno si esta misma investigación la realiza en España?

Hasta hace bien poco el correo electrónico no se asociaba con la actividad profesional. Para eso estaba el fax (y en algunos bancos públicos el telex), Varias veces me sucedió que un empresario tuviera que buscar desesperadamente en su agenda la dirección electrónica, porque nunca la usaba. Y casi siempre era, de hecho lo sigue siendo, algo así como el nombre de la empresa y @yahoo.fr, porque el dominio dz, de Argelia, apenas se emplea. Ahora hace casi un año, estaba yo tratando de organizar en mi trabajo una misión comercial directa y una compañera que trataba de ayudarme no entendía mi empeño en no enviar faxes de confirmación, sino correos electrónicos. Partíamos de dos puntos de vista muy diferentes sobre el socio o cliente ideal para una empresa española, que yo entiende que debe ser alguien con quien luego se pueda negociar y discutir por e-mail sin tener que recurrir continuamente al fax. De encontrar empresas con ese perfil, yo las prefería a las otras.

Las cosas van cambiando y en unos meses se ha multiplicado fácilmente por dos o tres el número de empresas que trabaja con correo electrónico. Y seguirá en aumento. El número de abonados a una línea ADSL acaba de superar el cuarto de millón (me contarán a mí entre ellos, pese a que no funciona) y seguirá aumentando. Hace muy poco que el buscador Google ha incorporado la extensión “dz” para búsquedas relacionadas con Argelia.

Iba a comentar algún otro aspecto pero cuando a uno le entra una pequeña crisis de ansiedad se le quitan las ganas de escribir. Y, además, supongo que más de un lector, incluidos los argelinos, curioseará ahora si es verdad que ya existe “google.dz”. Yo me dedicaré a buscar mi mochila, que no aparece.

lunes, 2 de marzo de 2009

Foto de carnet

Para inscribirme en el curso de yoga tuve que cumplir con una serie de requisitos: una fotocopia de lo que llaman mi carta nacional, tres fotografías tamaño carnet, un certificado médico y seiscientos dinares. Lo de la carta nacional lo solucioné con una fotocopia del permiso de residencia diplomática. Para el certificado médico acudí a una doctora de las inmediaciones, que me tomó la tensión (11-7, toda una agradable sorpresa), el pulso y me cobró algo así como quinientos dinares, no lo recuerdo bien.

Me faltaban las fotos. Y en la caja extraviada durante mi mudanza estaban las que me había hecho hace unos meses, de modo que tocaba hacerse fotos nuevas. Pero llevaba varios días con un eccema en la cara que me impedía afeitarme y mi presencia no era la más adecuada para ser inmortalizado por un fotográfico. Lo que hice fue ofrecerles en el gimnasio: o me daban una semana de prórroga para aportar las fotografías al dossier o me permitían fotos al estilo talibán: con la cara velada, como las mujeres mozabitas (yo sé de una que me va a dar por aludida y dejará un comentario). Optaron por la primera opción.

Este jueves pasado acudí al fotógrafo, en la Placette de Hydra. Según le dije de lo que se trataba me envió al piso de abajo del local, en realidad un sótano que podría servir para rodar una película de miedo sobre un fotógrafo maníaco sexual. Desde luego, la decoración era propia de Hollywood, aunque para nada de terror. O, mejor dicho, era terrorífico pensar que así sacan fotos, en un decorado de vodevil. Como las fotografías tradicionales resultan al parecer muy aburridas, allí se exponían diferentes fondos de nubes, de playas, de campos verdes, para que el cliente tenga la opción de decidir con qué fondo prefiere fotografiarse.

Me senté delante de un fondo blanco, con un foco apagado cubierto con un paraguas a mi derecha. Al cabo de cinco minutos apareció el empleado de la tienda y según acabó de bajar las escaleras se dio media vuelta y me enfocó con una cámara digital compacta. Yo me quedé sorprendido y sin más me sacó una instantánea. Luego me hizo un gesto para que torciera la cabeza hacia mi derecha y volvió a tomar otra imagen. Por fin dijo dos palabras (“c’est bon”, que significa “está bien” en francés, pero para uno que está como yo a régimen, que le recuerden que está “sebón” no resulta agradable).

Una vez en el piso superior me preguntó si quería seis fotografías o doce; y opté por la menor de las dos cifras, imaginando el resultado. El caso es que le salieron ocho y voy a lucir cara de susto una larga temporada.
Cuelgo aquí la foto porque tengo muy poco sentido del rídículo. Y, mirando el lado positivo, voy a empezar a pensar que soy fotogénico, porque hay que reconocer que para tratarse más de una pillada que de una fotografía de estudio no salgo con la boca abierta ni con los ojos cerrados.

Yoga en Argel

Por fin he conseguido recibir clases de yoga en Argel. Puede parecer una tontería, algo tan simple como inscribirse en un centro que lo imparta. Pero me ha costado año y medio dar con el lugar.

El médico me recomendó practicar yoga en el verano del 2007. Hice algunas pesquisas y únicamente supe de una monja Agustina, india, que impartía las clases los jueves por la mañana. Yo trabajo ese día y no conseguí permiso para ausentarme del trabajo, de modo que tuve que desistir. Poco después llegó una becaria a mi oficina, Erika, que también deseaba acudir a clases de yoga; nos pusimos juntos a buscar un gimnasio, pero no di con ninguno. En enero del año pasado iba a organizarse un grupo de yoga en el gimnasio Alhambra, pero finalmente no salió.

Tras unos meses en los que no insistí en la búsqueda, en diciembre pasado me recorrí muchos gimnasios de Argel buscando uno que impartiera clases de yoga o que al menos pudiera decirme adónde acudir. Imposible, nadie sabía nada, aunque me ofrecían mil y una actividades que nada tenían que ver con lo que yo andaba buscando.

Hace unos días una compañera de trabajo me dijo que sabía de un sitio, cercano a mi oficina, donde se impartían clases de yoga. Era el Hydra Gym. Y allí que me fui corriendo.

Como pasa en estas cosas, desde que di con estas clases de yoga he sabido de otros dos centros más que también imparten esta disciplina oriental, un gimnasio en el lugar llamado El Golf y el centro veraniego de Kiffan Plage, si bien este último sólo en época de verano y adaptado a gimnasio dentro de la piscina.

Las clases en Hydra Gym son los jueves de cuatro a cinco y media de la tarde, aunque ya veremos cómo funciona en realidad y si el horario no se modifica, que llevo ya mucho tiempo en Argel como para llevarme sorpresas.

Este jueves tuve mi segunda clase o, como dicen por aquí, mi segunda sesión. Hemos sido ya ocho alumnos y además he dejado de ser el “gallo del corral”, porque un egipcio se ha unido a mí para no dejarme como único hombre frente a seis mujeres. Parece que a los hombres argelinos no les va el yoga. Desde luego, lo que sí puedo confirmar es que la fama de que a ese gimnasio acuden algunas féminas más preocupadas de encontrar de encontrar un lugar en el que ligar que en mantenerse en forma está bien ganada. Me resulta todo muy divertido, como la compañera que acerca todo lo posible su toalla a la mía o el corrillo a mi alrededor al final de la clase para presentarse. Supongo que es una forma adicional de relajarse y abstraerse de un ritmo de vida que no me conviene.

Como dicen los corresponsales de prensa, seguiremos informando.