miércoles, 18 de marzo de 2009

Tengo cortinas

Lo que voy a contar hoy no es exclusivo ni específico de Argelia. Les ocurre a casi todos los que van destinados por razones laborales a otro lugar diferente al de su residencia. Es la sensación de desarraigo, de estar de paso, de carecer de hogar pese a contar con una vivienda.

Para tratar de no echar mucho de menos lo que he dejado en mi tierra, si es que se puede, he intentado siempre en Argelia disponer en mi apartamento de infinidad de cosas, muchas más de las necesarias. No es por un sentido de opulencia, ni mucho menos. No tengo mp3, ni teléfono multimedia, ni muchos de los aparatos electrónicos que condicionan la vida de tanta gente; ni siquiera tengo el televisor conectado. Echo en falta otros detalles, como el ADSL que sigue sin funcionar… o el ascensor que lleva casi una semana pasado. Quiero pensar que se trata de la pequeña colaboración de mis vecinos con mi régimen de adelgazamiento, a que a base de subir escalones queme las calorías ingeridas de sobra. Igual debería explicarles que resultaría fenomenal si no contara entre ellos con unos cantos guarros que han conseguido que por ciertos rellanos pase con mucho cuidado. Pero me estoy saliendo del tema, que era hacer de un apartamento en Argel un hogar.

Contar con ropa de más, toallas y sábanas en exceso, vajilla repetida, piezas de la batería de cocina que no necesitaré en mi vida, o adornos de los que algún día me tendré que deshacer, es parte de esa terapia. Pero creo que lo más importante para sentirme en un hogar suele ser revestir el suelo y las paredes. Y poner cortinas.

Cuando hace año y medio me instalé en el apartamento de Ben Aknoun tomé medidas de las ventanas y en el primer viaje que hice a Bilbao mi madre me arregló unas cortinas antiguas y me las adaptó a la nueva vivienda. En Argel compré barras, argollas y llamé a alguien que me las instalara. Así pude tener cortinas en mi casa.

Pero llegó el momento de dejar el apartamento. Recogí mis cortinas, aunque no los ganchos de las paredes, para que pudieran servirle al próximo inquilino. Fue un error, ya había comprobado que mi propietario era un individuo bastante cutre y miserable en muchos detalles y seguro que los ha quitado y guardado para él. Es lo que ha hecho con el motor y el depósito de agua que instalé y que también dejé para el siguiente que ocupara el apartamento. Me habían dicho que hay gente que cuando se va del piso se lleva hasta los apliques de la luz; y que es una de las razones por las que se suele preferir alquilar a extranjeros, que actuamos con más dignidad.

En mi nueva vivienda de Telemly, más espaciosa, me he encontrado algunos ganchos ya preparados para colocar cortinas. Y es que el anterior inquilino era francés, del Consulado de Francia en Argel. Intenté reutilizar las cortinas que ya tenía, pero ni la altura ni la anchura coincidían. Llevármelas a Bilbao era darle trabajo a mi madre y el que ha cambiado de casa soy yo. Que me las arreglaran en Argel era arriesgarme a cualquier chapuza y se trataba de tela bastante buena. Pensé en comprarlas en Argel; aquí hay bastantes tiendas y la confección no resulta cara, pero o salía huyendo del mal gusto o el precio era el de una cortina buena para una tela importada de China.

Al final tomé la decisión de comprar en Bilbao alguna cosa mala y adaptarla. Es lo que hice, comprar en Ikea las cortinas más baratas que tuvieran. Y por cuatro perras tengo cortinas, que he tenido que recortar yo mismo con la tijera de la cocina. Es la que se contempla tanto en la foto de más arriba, tomada de frente, como en la siguiente.

Para el cuarto de invitados he adaptado las que me traje de mi apartamento anterior. Como tiene vistas sobre toda la bahía, orientada hacia el este, le da el sol de frente desde el amanecer. Tenía que colocar una tela más gruesa que la cortina de gasa de Ikea, para evitar el exceso de sol. Y me ha quedado perfecto.

3 comentarios:

zahra dijo...

La verdad es que estaba esperando un tipo diferente de cortinas. Pero las que vi, no eran tan malas, ahora que entiendo sus historia. Pero esoty contenta, fui la primera para verlas.

En fin...,Tu casa es muy bonita!
Besos.

José Antonio Doñoro  dijo...

Hola.
Sí, ya lo sé, proque en castellano no diferenciamos entre cortinas y visillos. Tú esperabas unos cortinones.
Y, sí, fuiste la primera.

Anónimo dijo...

hoy puse las mias, en casa, eso si, nada ortodoxo!! son blancas con letras chinas, me gusta lo exotico y diferente, lo sencillo no vulgar, en fin que no deje pasar el sol y me de mi cuota de privacidad!! hast pronto, besos