lunes, 9 de marzo de 2009

Una conversación real

El sábado pasé unas cuantas horas en las oficinas centrales de Correos de Argel, tratando de arreglar el problema de mi conexión a Internet. La llamada PTT ofrece el monopolio de entrega de correspondencia, el monopolio de hecho de telefonía fija, el casi monopolio de servicios telefónicos añadidos y es uno de los proveedores de acceso a Internet. No fui yo quien lo escogí, sino el propietario de mi casa durante mis vacaciones de Navidad, porque me repararon la línea fija el día que yo me iba a Bilbao a pasar las fiestas.

Mi primera sorpresa fue una factura de 55 minutos de llamadas a móviles en diciembre, cuando yo no estaba. He acabado pagándola, porque el tiempo que llevaba ya perdido de diferentes gestiones y el que aún me faltaba por perder valía mucho más.

Cuando regresé tras las Navidades comprobé que el acceso a Internet no funcionaba. Me costó tres semanas que me atendieran y descubrieran que me habían vendido un cable de red defectuoso. Todo ello tras varios diagnósticos de que el problema estaba en mi ordenador. Ya planeaba en mi cabeza la idea de comprarme uno nuevo, ante tanta insistencia de los supuestos técnicos argelinos.

Cuando llevaba menos de dos semanas con Internet me ausenté durante unos días para acudir al control médico periódico al que aún estoy sometido. Al regreso, como me temía, aquello ya no funcionaba.

He intentado por todos los medios que alguien se lo tomara en serio. Cada vez que acudo a la PTT la disculpa es diferente. Un día me faltaba el número de contrato del servicio. Otro la copia de mi contrato de alquiler para demostrar que soy parte interesada. Este finalmente, conseguí saltar varias barreras.

Primero me dirigí al servicio llamado Fawri, porque existen tres diferentes y ese es el que al parecer tengo yo contratado. Tras esperar veinte minutos, la persona que me atiende sólo me dice que perfecto, que haga cola en una mesa de al lado, donde me toarán los datos para repararlo. Esa nueva mesa era común para todos los servicios y alli comprobaban de manera electrónica el tipo de servicio contratado. ¿Por qué no me atendieron a mí alguno de los dos sábados anteriores, si en realidad no necesitaban que yo les dijera el nombre comercial de mi servicio de acceso a Internet?

Cuando me corresponde el turno, la señorita introduce todos los datos de la avería en su ordenador y me dice que ya está. Yo respondo:

- ¿Ya está quiere decir que ya funciona desde ahora Internet en mi casa?
- No, se ha registrado su avería. Ahora tiene que esperar.
- ¿Cuánto?
- Ah, yo no lo sé. Normalmente dos, tres días. Pasarán por su casa.
- Pero no ha apuntado mi número de móvil. ¿Cómo me van a avisar?
- Usted tiene que estar en casa de 9 a 4.
- Yo trabajo.
- No hay problema, su mujer.
- Vivo solo.
- Ah, lo siento, es el procedimiento. Si no está se anula su solicitud de reparación.
- Oiga, desde el 25 de diciembre me ha funcionado doce días en diez semanas. De aquí no salgo sin mi conexión reparada.
- Tiene que ver al director de la agencia.
- Bien, ¿quién es?
- En el primer piso.


Con mi bolsa de plástico en la que llevo el módem, todos los cables, el contrato de servicio, la factura del teléfono y el contrato de la vivienda consigo que me permitan subir al primer piso. Muchos despachos con gente hablando, pero ninguna placa que diga “chef d’agence” o algo parecido. Pregunto en el despacho que aparenta ser más importante y me dicen que ha salido y no regresará, Inshallah, hasta las cuatro de la tarde. Me vuelvo a calentar, reclamo ante la estafa y me dicen que una de las allí presentes, Lamia, es la responsable de ese servicio Fawri y que me va a poner en contacto inmediatamente con el técnico. Desaparece y yo sigo esperando. Al final otra compañera suya tiene que ir a buscar a Lamia, que acaba regresando para acompañarme de nuevo a la planta baja, donde se atiende al público. Allí está el técnico discutiendo con una clienta a la que le dice que el problema de su teléfono es que ha sido bloqueado y que sólo se lo pueden desbloquear si hace una solicitud manuscrita (literal, no me lo invento) explicando su necesidad de que se le desbloquee el teléfono. Con resultar kafkiano, no lo es menos la conversación que oigo en la mesa de al lado en la que le dicen a un señor mayor que no pueden darle la factura detallada de su consumo porque en la solicitud no ha incluido el sello de su sociedad. Él responde que no es una sociedad, sino un comerciante y le insisten en que aporte entonces la copia del Registro de Comercio y el certificado de que es el gerente. Yo no llego a entender qué tiene que ver la falta de un sello de empresa con un certificado de gerente, pero el hombre se va sin rechistar demasiado.

Al cabo de un rato de escuchar conversaciones mitad árabe y mitad francés, el técnico me atiende, pero para preguntarme cosas sobre España. Me acaba diciendo que tengo suerte de ser vasco, porque le caemos bien y va a hacer la excepción de atenderme hoy, igual que cuando le viene un francés hace la excepción de darle preferencia si es corso o bretón. En fin, tengo que mantener la sonrisa. Me dice que me siente a esperar y desaparece. Al cabo de un rato vuelve para seguir pululando entre clientes que le plantean diferente cuestiones. Hay quien viene con un cable de red, con un módem como el mío, o con una especie de clavija alargada que no sé para lo que podrá servir. Al cabo de unos minutos se me acerca y me dice:

- Vous m’excuserez quelques minutes, je vais faire ma prière et je reviens.

Lo trascribo así, sin traducir. Para quien no le entienda, que le disculpe unos minutos que se va a rezar y vuelve. Miro la hora. Son más de la una y media y yo sigo en la Grande Poste.

No sé lo que ha rezado o ha dejado de rezar, porque no ha tardado mucho en regresar, pero para seguir atendiendo de pie a diferentes personas, hasta que finalmente se ha sentado en una de las mesas a atender a los clientes a los que nos había dejado a medias por al sala. Cuando me ha tocado el turno ha instalado mi módem en un ordenador, para realizar un diagnóstico a través de un programa ya instalado. Finalmente me ha dicho que hay un problema, que está estropeado. Y ahí se quedaba la cosa. Yo le he respondido que necesito otro y entonces ha discutido en árabe del asunto con una compañera suya. Al final se vuelve hacia mí:

- Está estropeado al 95%, pero hay que confirmarlo.
- ¿Cómo? ¿Cuándo?
- ¿Usted no sabe de qué color se enciende esta lámpara led en su casa?
- No, no me acuerdo.
- Es que para darle otro módem tiene que aprobarlo el jefe de servicio y necesita el “avis favorable” (visto bueno) del técnico que está asignado a este servicio. Y hoy no está. Venga mañana.
- No puedo, mañana trabajo.
- ¿No tiene un amigo que le haga ese favor?
- Mis amigos trabajan. Me gusta tener amigos que trabajen.


Creo que no ha notado el tono irónico de mi última frase. Menos mal, porque me he arrepentido nada más expresarla.

- Entonces otro día, Inshallah.
- Pero el lunes ustedes no trabajan. ¿Si lo dejo aquí, me lo cambian, y dejan el nuevo en una bolsa a mi nombre?
- No, dígale a alguien que venga y pregunte por mí. Y si es español mejor, porque yo quiero aprender español.
- Aquí cerca tiene el Instituto Cervantes, dan clases de español.
- Es que me voy a casar con una española. Ella me quiere y va a venir a por mí. Estuvo antes en Argel y bueno... qué mujer. Me besaba aquí fuera, delante de todos. A ella le daba igual.
- Porque eso es normal en España.
- Un día nos detuvieron y me preguntaron por qué besaba a una extrajera si no estaba casado con ella. La policía no entendía cómo esa mujer me besaba así. Y a ella después también le daba igual.
- ¿Hace mucho de eso?
- Ahora está en España. Yo quería ir pero me dice que no, que va a venir ella. Y luego nos iremos a Canarias, porque tiene una residencia secundaria en Canarias. Y me olvidaré de Argelia, del trabajo.
- Espero que del ADSL no.
- Ah, el ADSL también. En Canarias hace un clima estupendo.
- Bueno, pero no hay que olvidar mi ADSL no, por favor.
- No, no. Mande a alguien mañana.
- De acuerdo, gracias.


Esto es un servicio oficial a la argelina, en el que se mezcla lo personal con lo profesional. Y cuando no se mezcla, no funciona. Claro que a mí me sigue sin funcionar...

4 comentarios:

Miquel dijo...

Muy bueno....

Es el retrato exacto qeu te encuentras en las administraciones de Argelia.

Anónimo dijo...

Holaaaa !!!

ay ay ay !

me encanto la conversacion y el relato del empleado Argelino.

Para que te consueles,
aqui en Argentina las compañias Telecom- France y Movistar -España son un desastre con el servicio de internet de banda ancha, las que mejor funcionan son otras compañias privadas que ofrecen banda ancha por fibra optica,
yo estoy conectada asi.

El problema es cuando no tienes posibilidades de elegir.

Quise contratar conexion a Internet por Telecom y estuvieron 1Mes de huelga !!!! sin realizar ninguna tarea , porque querian aumento de salario,
hice 4 reclamos telefonicos, me mandaron el modem en 48 horas despues nunca mas aparecieron!!!

Cuando llame por ultima vez para cancelar mi pedido les dije que ya habia contratado otra Compañia y vinieron en 24 horas a instalarlo y ya funcionaba , entonces Telecom me pregunto si queria esperar unos dias mas y vendriaa mi casa!!!!
los saque corriendo !!!!
y les dije que vengan a llevarse su modem o lo usaria de florero, nunca vinieron a buscarlo, pasaron ya .... 2 años.
Por suerte mi servivio de internet privado funciona perfectamente.

ya ves.... en todos lados padecemos lo mismo.

suerte on lo tuyo !!!!!

Diana

Knasil dijo...

Bueno, no te quejes... al menos pudiste hablar con alguien. Yo en Barcelona estuve 6 meses sin teléfono ni Internet por cometer la estupidez de cambiarme de Orange a una pandilla de piratas llamada Tele2. Nunca me dieron nungún tipo de servicio y encima me denunciaron por no pagarles (pagarles por un servicio nunca prestado?)... Al menos tu pudiste hablar con un funcionario de carne y hueso, Imshallah. Yo estuve hablando con contestadores y empleados sudamericanos sin ningún tipo de formación profesional. España tiene muchas compañías privadas pero ninguna legislación para garantizarte la transición de una a otra. Al final te quedas con Telefónica por que cambiarse de compañia es una odisea Homérica. Por algo nuestra querida lengua Española nos ha dado joyas como "mas vale malo conocido que bueno por conocer"... hazme caso: tienes suerte de vivir en Argelia, donde todavía puedes encontrar a alguien que te haga un favor por que eres español. Aquí no encuentro a nadie!

José Antonio Doñoro  dijo...

Sí, ya sé que es algo universal. Yo sufrí el mismo itento de extorsión por parte de Tele 2 en España, pero sin haber siquiera solicitado el servicio. Amenazaron con cobrar sus facturas por vía judicial y yo respondí advirtiendo de una denuncia por extorsión. Hasta hoy.
Lo que realmente quería destacar no era que no funcione el servicio (que sigue sn hacerlo, por cierto), sino el tipo de conversación y las respuestas a la argelina.