viernes, 1 de mayo de 2009

Seguridad en el trabajo

Hace unos días salí con la cámara fotográfica a tomar algunas instantáneas curiosas de la vida argelina. Al poco de salir de casa me llamó la atención que estuvieran pintando de blanco el edificio de la Grande Poste, con dos andamios diferente. La imagen que llegó a mi retina fue la siguiente.
Sin embargo, había alguna cosa que me decía que aquello no era normal. No sé si un lector observador se detendrá como yo en los mismos detalles. A mí, desde luego, lo que más me asustó fue la falta de seguridad. Ofrezco una fotografía más cercana para que se observe mejor.
¿Así tampoco? Para mí hay dos motivos sorprendentes. Uno, los que están subidos al andamio; dos, los que están debajo sujetando la cuerda.

Veamos primero, ampliado, al que está arriba, con sus botas de seguridad, su casco, sus arneses y los dos pies firmes en la base andamio. Bueno, más bien todo lo contrario.
Tampoco es que el andamio como tal resultara un elemento seguro. Saqué una fotografía del otro, que era algo mejor y contaba con buenas poleas para la cuerda. Aún así, la base consistía en dos tablones de madera de diferentes dimensiones, mientras la barra lateral de seguridad se sujetaba con dos palometas o palomillas, que no sé cómo se llaman. Mención especial al equipamiento, no sé si es posible encontrar otro país en el que los pintores acaben con más pintura sobre sus ropas que sobre el elemento que teóricamnete tienen que pintar.
Luego se puede ampliar a los que están debajo, sujetando la cuerda, sin guantes por supuesto, para que no se caiga el andamio.
En esa imagen no se observa bien, pero lo que el de la izquierda lleva en su mano derecha no es precisamente la cuerda, sino un teléfono móvil con el que está enviando mensajes SMS. O así lo parecía, al menos, en la última fotografía, cuando se gira a la derecha para seguir escribiendo sin que le moleste el exceso de luz.

No esperé a sacar la fotografía de un pintor accidentado; simplemente me fuí del lugar con el corazón en un puño y la esperanza de que jornadas reivindicativas como la del 1 de Mayo sirvan también para terminar en el mundo con estas prácticas de jugarse la vida tontamente en un puesto de trabajo.

3 comentarios:

ZaRi dijo...

¡Ay! ¡Si es que algunas veces pareces nuevo! Vamos a ver, ¿que uno de los muchachos cae y muere? No importa, viene el tumulto de gente a observar lo que ha pasado, algunos atrevidos intentan practicar lo que creen que son "primeros auxilios". Si alguna mujer pasa por allí, por supuesto ataviada en sus ropajes que pueden definirse como "saco de patatas con tres boquetes" (este término lo inventó mi pareja refiriéndose a las almas en pena), ella comienza a gritar y darse golpes en la cabeza porque, aunque no conoce al moribundo, seguro que es primo de un primo de un suegro de un cuñado de un vecino de un señor de bigote que pasaba por allí y, por tanto, ella, sin lugar a dudas, lo conoce. Y todo esto, mientras alguien con pocas luces se acerca a la comisaría más cercana a pedir auxilio, cuya respuesta es abrocharse el cinturón de gendarme, colocarse la porra con mucha parsimonia, salir con aires de "¡joder! con lo tranquilo que estaba aquí descansando y no haciendo nada, va un mongolo y se cae" y caminar hacia el lugar con más parsimonia si cabe, esperando que, con un poco de suerte, el muchacho en cuestión haya fallecido y sólo haya que llamar a la ambulancia, sin tener que socorrerle y mancharse el uniforme (que, por cierto, sirve para verano, otoño, invierno y primavera, sin mangas cortas y con unas inexplicables mangas de plástico). Cuando llega al lugar, empuja sin piedad a mujeres, niños y la multitud en general que se ha agolpado alrededor del accidentado y tiene que llamar, en cualquier caso, a la ambulancia. Llega la ambulancia con mucha dificultad, porque, ¡claro!, todo el mundo se h parado a hacer más bulto todavía, dejando sus coches en la carretera sin importarle quién venga o pite por detrás. La ambulancia decide subirse a la acera y los viandantes, lejos de apartarse, continúan gritando cosas inexplicables y dándose golpes en la cabeza. Al final, al pobre muchacho se lo llevan al hospital, pero, resulta que no tiene contrato ni seguro médico, así que ni lo dejan pasar a Urgencias, le ponen un extraño vendaje de los baratos y seguramente usado por otro paciente y lo mandan a casa con la esperanza de que la mujer o la familia se puedan permitir enterrarlo en un hueco medio decente en el cementerio. Porque, si tiene la mala suerte de sobrevivir, la única salida que le queda al pobre pintor y a su familia es mendigar por las calles detrás de los occidentales, esperando que su caridad y su filosofía de "poner la otra mejilla" les valga para poder comer casi todos los días o para gastárselo en porros y en té en el cafetín de la esquina, mientras su mujer busca empleo en un hogar ceutí para subsistir.

Y eso es un caso verídico, aunque no de un pintor, sino de un albañil. Para el caso es lo mismo.

Como te decía al principio, ¡a veces pareces nuevo! Estas cosas pasan. Y la vida... continúa...

PD: Dime que en Argelia es distinto y entonces me quedaré sin palabras.

khalesito dijo...

creo que el problema es del mismo pintor,,si el acepta y se arriesga por un puto dinero,es su problema ,muchos han tenido accidentes por esas tonterias,,y se lo mercen...

José Antonio Doñoro  dijo...

Co,pletamente en desacuerdo con lo que escribes, khalesito. La cukpa no es del pintor. El estaria en su casa con su familia, o en la calle paseando si traaja es por un salario y las condiciones de seguridad se las debe proporcionar su empresa. Porque de lo contrario habra otro mas necesitado y que aceptara jugarse la vida.