domingo, 5 de abril de 2009

Un viaje en tren

Hace unos días viajé en tren a Orán. Llevaba un tiempo sin visitar la zona oeste del país y estaba perdiendo muchas referencias que ahora en parte he recuperado. Argel es una isla dentro de Argelia que tiene poco que ver con la vida en el resto del país. Vivo en una capital mediterránea que, si no fuera por tres factores diferenciales (uno, el caos derivado del egoísmo individualista de la sociedad argelina; dos, la extrema suciedad que lo cubre casi todo; tres, las peculiaridades de una sociedad islámica), poco se diferenciaría de Alicante o Almería, por poner las capitales de provincia de la costa peninsular que están más próximas a Argel.

Pienso que el mejor medio de transporte entre Argel y Orán es el tren. El llamado “rápido”, que realiza muy pocas paradas en el camino tarda cinco horas de una ciudad a la otra. Ese es el tiempo real, aunque el programa oficial diga que sólo son cuatro horas y media. Cualquier otro medio lleva bastante más tiempo. En coche, desaconsejado, son unas siete horas. En avión nunca se sabe, porque hay que salir de Argel al menos dos horas antes de la hora prevista para el despegue, el vuelo puede presentar un retraso indeterminado, imposible de predecir, y una vez en el aeropuerto de Es Senia la distancia al centro de Orán es considerable, de forma que posiblemente desde el aterrizaje del avión hasta la llegada al centro de la ciudad, que podríamos poner en el Hotel Royal, se puede tardar hora y media. Eso hace cuatro horas y media en el mejor de los casos, que creo que no se da nunca.

Comparativamente el tren es mucho más barato que el avión. El transporte aéreo argelino no ofrece unos precios nada competitivos. Trabaja en régimen de monopolio en líneas domésticas y eso supone pagar precios europeos por servicios evidentemente africanos. Incluso un taxi individual resulta más barato que un viaje en avión, algo que creo que no se da en ningún otro lugar. El viaje a Orán en tren, en primera clase, cuesta el equivalente a veinte euros, ida y vuelta. Supongo que en segunda será bastante más económico, pero no lo he probado ni tengo demasiadas ganas de hacerlo. Como referencia, un tren de cercanías entre Aïn Témouchent y Orán, en clase única, cuesta setenta y cinco dinares. Eso sí, es mejor no intentar entrar en los baños.

Viajar en primera clase tiene sus ventajas. La primera, que los asientos son más cómodos y más anchos, comparándolos con el banco corrido de segunda clase. Se tiene derecho a té y a prensa gratis, aunque creo que es lo de menos. Lo que personalmente más valoro es que el precio más elevado sirve para clasificar a los viajeros y los más alejados de las normas básicas de higiene suelen optar por viajar en segunda. Claro que hay excepciones, como esta viajera de primera que lucía los pies de henna colocados sobre el reposa brazos del asiento sin que a nadie le pareciera mal.

Viajar en tren tiene su punto de riesgo. Una de las aficiones de los niños es lanzar piedras a los trenes. Han roto así muchas veces cristales y herido a pasajeros. El Rápido de Orán lleva doble acristalamiento, pero eso no fue óbice para que en el viaje de ida impactara más de una piedra sobre los cristales del vagón, afortunadamente sin romper ningún cristal.

La sensación de aventura peligrosa, la de dirigirnos hacia algún objetivo suicida, la ponía un pasajero que, por más que lo miraba, me recordaba terriblemente a Osama Bin Laden.

De todas formas, nadie se creería si dijera que no me pasó nada. Porque, sencillamente, siempre me ocurre algo. Pero eso lo cuento mañana.

4 comentarios:

Niretzat - Para mi dijo...

Yo quiero ver fotos del tren por fuera...

ZaRi dijo...

Estimado compañero:

¡Te sorprendería saber lo que estos dos países hermanos peleados se parecen! Estaba leyendo tus explicaciones sobre aeropuertos y carreteras y me estaba riendo.

Por suerte o por desgracia, soy bastante aficionada a Marruecos, quizás por sus tremendos contrastes que me recuerdan a la ciudad española de la que provengo, incluso, a la ciudad británica en la que vivía. Contrastes puros y duros, diarios y cotidianos que hacen que siempre tengas la sensación de completar un camino repleto de paz interior y a la vez con los bandoleros pisándote continuamente los talones.

En el norte de Marruecos, la vida fluye de manera perceptivamente diferente al sur. Incluso, lo que colinda con las fronteras de Ceuta y Melilla es transversalmente opuesto.

Por ejemplo, yo tengo una casa en Marina Beach, un complejo turístico, como una casa en la playa, en Vera o en Mojácar (ya que mencionaste Almería), como mi casa hay miles a lo largo de la costa que va desde la salida de Castillejos (F'nideq) y Rincón (M'diq). Son unos 20 kilómetros de preciosa playa a los que Ceuta tiene mucha envidia (pues nosotros no tenemos playas, son artificiales y la arena de mala calidad, con lo cual, no te imaginas lo que es cruzar la frontera por las tardes para pasar unas meras horas disfrutando de arena cuasi caribeña). Te aclararé también que nosotros pasamos con el pasaporte sin necesidad de visado ni nada por el estilo, incluso, por ser residentes en Ceuta, ni sellamos muchas veces la salida y la entrada. Esto hace que nuestro pasaporte sea inservible para otros países porque, por ejemplo, el mío tiene 25 entradas en Marruecos por la frontera de Bab Septa y 10 salidas por la misma frontera. Pero esto no es más que otra curiosidad de las múltiples que hay aquí. Melilla es aún más peculiar.

En cualquier caso, te quería hablar de las similitudes de estos hermanos peleados y, como siempre, la imaginación vuela más rápido que mis dedos, con lo cual, te cuento detalles y anécdotas que no vienen a nada.

Con respecto a la zona que colinda con Melilla y, por ende, con Argelia, es mucho más pobre y está bastante más descuidada. Sí que hay urbanizaciones en las playas de Saidia, como ya te comenté anteriormente, pero está bastante menos desarrollado en cuanto a otros aspectos como la infraestructura.

Nosotros nunca hemos utilizado el transporte público porque no nos ha hecho falta más que por las ciudades, las cuales se caracterizan, al igual que Orán o Argel, por su suciedad y el caos propio de las grandes ciudades de las sociedades musulmanas. En cualquier caso, los pétit taxi son muy necesarios si quieres sobrevivir en ciudades como Tánger, Marrakesh o Fes. Ya ni te cuento en Casablanca o Rabat. Pero lo más cercano a nosotros, Tetuán, suele ser más accesible y normalmente, aunque me ponga un tanto nerviosa, puedo ir a mis anchas en mi propio vehículo.

No obstante, los aeropuertos dejan mucho que desear, ni te digo los aviones. Las vías de los trenes (también construidas por mis antepasados y seguro que por alguno tuyo también) están un poco abandonadas, etc. Las carreteras... no sé hasta qué punto conoces las carreteras argelinas, pero, si bien Marruecos ha mejorado mucho su infraestructura, no es de extrañar que vayas por una autopista por la que has pagado precio europeo y te encuentres a un pastor con sus cabras. Hay que tener mil ojos.

Entre Ceuta y Melilla hay tan sólo 450 kilómetros. Si estuviéramos en España, en unas 5 horas tendríamos más que suficiente para ir de la una a la otra. En nuestro caso, son 8 por el camino más corto, el de los 450 kilómetros. Y porque el trayecto de Alhucemas a Nador ha sido mejorado y acortado, que si no... sería una hora más.

Salimos de Ceuta, tomamos la carretera de Tetuán, continuamos hasta la salia de Chaouen (o Chefchaouen) y a partir de ahí el camino es recto, tal como te digo, no hay que volver a tomar una sola salida. ¡Recto! ¡Sin salidas! ¡Pero con carreteras de montaña que llevan sin asfaltarse desde el protectorado! Y con curvas en algunos tramos de 360º. Una vez pasamos Chaouen, vamos hacia Bab Berred (Puerta del Frío), Bab Taza (Puerta de Taza), Ketama (antigua zona turística muy visitada por su hachís, el cual crece sin más en los márgenes de la carretera al alcance de cualquiera, con lo cual, no es extraño ver excursiones de caravanas hippies por allí) a la que "sólo" hemos tardado en llegar la friolera de 4 horas. Después, la comunidad Bni Hadifa, que son un puñado de pueblos de montaña que no duran más que 4 casas seguidas y alineadas en la carretera. Los niños te ofrecen dátiles y hachís por el camino, pero jamás te tiran piedras (eso sólo lo he escuchado en Mauritania). Después, llegamos al desesperante Targhist, desesperante porque lo ves ahí al lado pero, para llegar hasta el pueblo tienes que dar un rodeo por la montaña de 20 kilómetros, y eso en carretera de montaña, en la cual en la mayoría de los tramos sólo puedes ir a 60km/h, es un tanto desesperante. Tanto, que siempre digo que compraré un todoterreno para poder hacer ese tramo campo a través. Una vez que hemos pasado Targhist, podemos girar a la izquierda, hacia Cala Iris y el Peñón de Vélez de la Gomera, donde está Torres de Alcalá, tal cual, si le han cambiado el nombre por otro árabe, desde luego, no aparece en los mapas que yo tengo. Pero nosotros continuamos recto hacia Alhucemas, vemos lo que sucedió en el terremoto de 2003, en el que murieron muchas personas, se ve perfectamente cómo la montaña se abrió y cómo cayó sobre un pequeño pueblecito. Comprendes, en parte, por qué la ayuda humanitaria no llegaba a su destino, pues eso es estar literalmente perdido de la mano de Dios. Eso es estar en mitad de la nada.

Una vez que llegamos a Alhucemas, también impresiona el Peñón de Alhucemas al lado, pero, sobre todo, ves el contraste de una ciudad que parece mucho más próspera en todos los aspectos de lo que has visto en las últimas 6 horas desde que saliste de Tetuán. A partir de ahí, playas paradisíacas y a la vez desiertas. Sólo agricultores y almas en pena (yo los llamo así porque sólo hacen eso, pasear por la carretera día tras día, esa es una costumbre del país, los hombres pasean por las carreteras sea la hora que sea con su chaqueta de cuero negro y haga la temperatura que haga, vayas a la ciudad que vayas a lo largo y ancho del país).

Por fin, llegamos a Seghangane, ya sólo quedan 20 kilómetros a Melilla, cruzamos Nador, que es, comparada con las capitales de provincia a las que estamos acostumbrados, una porquería, pasamos Beni-Anzar y, por fin, antes de llegar al puerto "deportivo", giramos a la izquierda y ahí tenemos la "frontera" con Melilla.

¿Crees que todo lo que te he descrito se parece un poco a la realidad argelina?

Saludos desde el otro lado del continente.

Alejandra T dijo...

HOLa ANTONIO.yo quisiera ver una formacion de trenes, desde la estacion, podras toamar alguna foto? gracias por el nuevo tema, tienes para rato con esto, argentina, es de terror, tambien como viajas, ya casi nada me asusta. nueno te mando un beso!!! hasta pronto

Un Hombre Común dijo...

Hola, en diciembre pienso viajar a argelia. Vivo en México y llego a Madrid y solo encuentro vuelos a Argel. ¿Hay suficientes horarios entre Argel y Orán en el tren? saludos.