miércoles, 14 de octubre de 2009

Cats vs Dogs (1)

Desde pequeño he sido más de gato que de perro. Sé que por regla general no ocurre así, pero los gatos no me daban miedo y los perros sí. Incluso los pequeños, esos que puestos pelear sabes que llevas todas las de ganar, los llamados “perro de patada”, pero que cuando se lanzan a ladrar lo hacen en un tono desagradable y que a mí me asustaba.

Los dueños de los perros no suelen entender que prefieras evitar un acercamiento con su mascota. Lo de “si no muerde” lo he oído infinidad de veces. En una ocasión hubo un propietario de perro, uno de esos grandes, empeñado en subir conmigo en el ascensor. Le dije que no, que se esperara la siguiente viaje.

- Cabemos los dos.
- Los dos sí, pero los tres, no.
- Sí, sí. Es para cuatro personas, cabemos los tres.
- No somos tres personas, sino dos personas y su perro. No quiero entrar en un ascensor con un perro.
- Es muy cariñoso.
- Yo no necesito que me quiera. Me da miedo.
- Pero si no muerde.
- Él no. Pero yo, sí.

Y así puse término a la discusión.

Más divertida es la anécdota del primer pueblo al que mi hermano fue destinado como cura. Estuvimos invitados en casa de un matrimonio bastante original, con dos perrazos enormes, que formaban parte de la familia. Al principio del banquete estuvieron correteando por los jardines, pero al llegar los postres les dejaron entrar al salón. Aquello, con dos perrazos de caza, parecía una escena sacada de una estampa de cacería y yo me sentí más solidario que nunca en mi vida con las liebres. Me extrañó que la dueña de la casa se partiera para ella el trozo más grande de tarta, pero pronto descubrí el motivo: era ración para tres. Los animales se acercaron a ella y comieron su ración de forma equitativa; con la misma cucharilla, la dueña iba dando un trozo para un perro, otro trozo para el segundo perro y otro trozo para ella. Y así sucesivamente. A mí se me subió lo que ya había comido a la garganta y se me quitaron las ganas de comer tarta, dándole vueltas a la posibilidad de que en la preparación de los platos también hubiese habido tres bocas a dar su opinión sobre el punto correcto de cocción y de sal. Después, se me acercaron los perros con intención de chuparme. Yo estaba muerto de asco, hacía gestos para que se alejaran y la señora de la casa sólo acertó a decir:

- Si no muerden, sólo te quieren lamer.

Aquello ya era demasiado. Me olvidé de las buenas formas, de que mi hermano era el cura del pueblo, de que estaba en su casa, y le espeté.

- Señora, ¿qué le parece si yo ahora me levanto y comienzo a lamerle a Ud? No le voy a comer nada, sólo le voy a lamer.

No dije nada sobre que yo me había limpiado los dientes y supongo que sus perros no, aunque tampoco pondría la mano en el fuego sobre el no uso compartido del cepillo de dientes; en cualquier caso, mis lamidos iban a resultar mucho más higiénicos que los de sus mascotas.

Mi grosería dio resultado. El dueño de la casa, que al parecer no tenía muchas ganas de ver cómo lamía a su esposa delante de sus narices (no lo iba a hacer, de cualquier forma, que uno es lo suficientemente escrupuloso para no colocar su lengua en según qué sitios), sacó los perros de la habitación.

En Argelia nunca me ha sucedido una cosa así. Los argelinos no suelen tener perro (aunque es algo que empieza a cambiar) y sólo he tratado con unos pocos españoles que lo tuvieran. Recuerdo un Agregado Militar cuya perra, Raisa, era un miembro más de la familia y comía marisco, bebía alcohol y compartía noches de borrachera con la colonia española. Un día invité al Coronel, una excelente persona, a comer a mi casa. Vino con Raisa. Yo acababa de traer de España salmón ahumado, sucedáneo de caviar, panecillos de canapé, mantequilla y algunas cosas más. Todo un lujo en aquellos años. Me presenté a la mesa con una bandeja preciosa y el Coronel, con toda la naturalidad del mundo, se sirvió para él y para Raisa. Yo no podía creerlo, la perra se estaba comiendo mis canapés de salmón y caviar. Y es que no era comida para dos, sino para tres.

Aquel Agregado Militar, con el que aún mantengo contacto y buena amistad, se fue y su sustituto también tuvo perro, aunque heredado de la casa a la que se fue a vivir. El nombre de la mascota no era nada original: Perro. Se hicieron grandes amigos y el nuevo Coronel lo pasó muy mal cuando un día se lo robaron al lado mismo de su casa.

En aquella época tuve en mi trabajo cambio de jefe y el nuevo que vino era propietario de un perro llamado Rothko, como el pintor. Aún era un cachorro y me cogió mucho cariño. Lo malo es que en sus juegos no entendía muy bien que yo no era una perrita con la que practicar ciertos comportamientos. De todas formas, creo que yo era el compañero de juegos favorito de Rothko, que lo quería mantener en secreto; cada vez que me veía y comprobaba que nadie más nos veía, se volvía loco de alegría y se me presentaba con algún objeto para jugar a intentar quitárselo.

Conozco a muy pocos argelinos que tengan perro y los que lo tienen no suelen sacarlo mucho de paseo. Todavía estoy esperando a que Lilia me presente a Fifi, por ejemplo. En cambio, sé de bastantes argelinos que tienen uno o más gatos en casa. No me atrevo a decir que sean dueños de los gatos porque los felinos argelinos son en eso como los hispanos: el gato es libre e independiente y hace tranquilamente su vida en la casa, se acerca cuando le apetece a él y se aleja cuando quiere estar solo. Es más bien el gato el que tiene un humano.

En una segunda parte explicaré, por cierto, el significado del título.

6 comentarios:

Niretzat - Para mi dijo...

Vaya! Si llego a saber esto antes, no hubiéramos insistido tanto en presentarte a Mendi...

De todas formas, fue idea tuya lo de abrazarle para la foto... :)

José Antonio Doñoro  dijo...

Pero si Mendi es un encanto, como de la familia.

A ver, Jon, reconoce aquí tu grado de afectividad con los perros en general.

Anónimo dijo...

A parte de que dar viandas a un perro es osceno, un derroche hortera, es inperruno(para nosotros sería inhumano, para perro inperruno)tratarlos de igual a igual.
Los perros viven en manada y en estos casos, su manada es la familia humana. Un perro no debe nunca comer antes o mientras el humano come, de no ser así le das el liderazgo de la manada. El perro no es capaz de liderar al humano, dando pie a todo tipo de comportamientos ociosos e incómodos para "la manada"(can incluido).
Tu forma de actuar frente a los perros es la correcta y mientras se humanice a los canes, estos no serán lo felices que deben ser.
Cuanta gente tiene como amo un perro sin saberlo...ladra porque es un perro...
Mi perra no sale de casa delante de mi, ella espera a que salga yo. Antes, cuando yo desconocía estas técnicas, la perra salía corriendo y dando voleretas, jadeando y sufriendo un estres malo para ella y para "esta nuestra comunidad de vecinos"
Mi perra tiraba de mi cuando la sacaba a la calle, ahora solo me sigue. Le digo haz pis ahi y ella hace pis ahi. Es tan facil como darle su lugar en el mundo, en una manada humana, tiene que ser el último, así evitas celos con niños y posibles agresiones producidas por su falta de capacidad en liderar una manada humana. "Mira que contento se pone el animalito..." y el perro está al borde del infarto.Los gatos me gustan pero me dan alergia.

Me ha encantado tu post y estoy ansioso por ver el (2), siempre agradecido y cada vez más...

Anónimo dijo...

Hola José Antonio, yo soy mexicana y en este lado del charco mucha gente acostumbra tener un perro como mascota, con los comentarios que dejó Anónimo recordé un programa de televisión estadounidense, tratare de no alargarme: es sobre un experto en perros que visita a las familias que tienen problemas con el comportamiento de su mascota, le llaman el psicólogo de perros. Después de ver algunos capítulos me he dado cuenta de que más que trabajar con los animales, el "psicólogo de perros" trabaja con los dueños sabiendo de antemano que la mascota no tiene la capacidad para para manipular a su amo...al final de cada capítulo las personas se dan cuenta de que ellos son los culpables del rebelde comportamiento de su mascota.
Ups creo que si me alargué, un fuerte abrazo desde México.
ADY

Niretzat - Para mi dijo...

Mi grado de afectividad con los perros en general... el concepto 'pánico' puede entenderse como un grado de afectividad?

Es cierto, los perros un poco grandes me dan pánico. A raiz de un incidente con un enorme pastor belga que ocurrió cuando tenía 12 años. El cabrito de Mendi supo ganarseme cuando fuimos averlo a la protectora, pero es un perro relativamente pequeño, y sí puedo ser afectuoso con los perros pequeños conocidos.

Uno de mis mayores miedos es que, llevando a Mendi de paseo, éste se enzarce con algún perro más grande, y me acabe pasando algo a mi. De hecho... bueno, es un miedo que ya se ha convertido en realidad cuando, en un paseo por el monte, un enorme perrazo negro le engancho, en lo que al principio creía que era un juego. Mi reacción (si me lo cuentan jamás lo habría creído) fue agarrar a Mendi, subirmelo a los hombros... pero el otro pero, que estaba mordiendo con ganas, quedo colgando. Hubo que desengancharlo a rodillazos, y me llevé algun mordisco, con su consiguiente antitetánica. Y menos mal que me ayudó un vigilante de una obra cercana, que si no...

Anónimo dijo...

veo que tu en centro europa (alemania, austria, suiza, chequia eslovakia) lo deberas de pasar muy mal porque ahi adoran a los animales y concretamente mas a los perros que a los gatos. ademas los dejan entrar en restaurantes, centros comerciales y hoteles, por cierto que muchos animales son mas inteligentes que ciertos humanos