sábado, 24 de octubre de 2009

Paliza, pero menos

Hace año y medio me encargué de organizar un partido de fútbol contra el equipo de los abogados de Argel, que iba a tomar parte en el mundial de abogados a celebrar en España. Lo conté con detalle aquí. Lo mejor fue tener la oportunidad de hacer algo diferente y jugar en un estadio de verdad, el del USMA de Argel, en Bologhine, un partido que se nos hizo larguísimo.

No fueron pocos los que posteriormente me insistieron en que tratara de organizar algo parecido. Lo intenté un par de veces y acabé descartando la idea por la dificultad en poner a todos de acuerdo y, sobre todo, porque tampoco estaba yo anímicamente para muchos trotes. Los comentarios sobre que si había unos cuantos chupones, que si éramos muchos o pocos, que si campo grande o de fútbol-sala me superaban. Pero según me he ido recuperando desde septiembre me han entrado ganas de asumir iniciativas. Y me embarqué a la búsqueda de un equipo argelino contra el que organizar un partido.

La ocasión me surgió hace unos pocos días. Estaba invitado en casa de un amigo, Youcef, a una cena exclusiva de varones, catorce para ser exactos, en la que el tema de conversación fue única y exclusivamente el fútbol. Y es que la familia de Youcef ha vivido siempre para el fútbol, su tío fue un grandísimo jugador, considerado por muchos el mejor de la historia del fútbol argelino, dirigen una asociación de atención a ex futbolistas y resulta difícil conseguir que el balón no surja en la conversación de más de un minuto. Así que aproveché el momento para pedir ayuda en mi búsqueda de un equipo contra el que enfrentarse. Dicho y hecho, en tres días teníamos contrario. Sofiane, el cuñado de Youcef, que había prometido encargarse de todo, me llamó para darme los detalles:

- Ya está arreglado, vais a jugar contra el equipo de veteranos del Mouloudia de Argel.
- Pero son muy buenos para nosotros.
- ¿No tenéis un equipo?
- Sí, pero todavía no hemos jugado nunca.
- Bueno, son gente mayor, de más de cincuenta años. Pero, atención, muy buenos, ¿eh? Quedaron campeones de África con el Mouloudia. Una vez jugaron contra el Real Madrid. Y casi todos han jugado con el equipo nacional (la selección).

Ahí me salió la vena chula, que para eso soy de Bilbao y no voy a dejar que me asusten con su currículo deportivo. Y le respondí:

- Entonces, diles que ahora van a jugar contra la selección de España, que somos campeones de Europa. Tendremos que entrenar antes, ¿qué tal si el partido lo celebramos el 13 de noviembre?
- No, vais a jugar este viernes en Bab Ezzouar.
- ¿Este viernes? Si no tenemos ni el uniforme.
- ¿No? Uhm… ¿Cuántos sois?
- Seremos unos dieciséis, más o menos.
- En fin, del equipamiento me encargo yo. Es un regalo.
- Muchas gracias, Sofiane.
- No hay problema, no hay problema. Tenéis que entrenaros esta semana, que son los jugadores del Mouloudia campeones de África. Se lo dices a tus compañeros.

La conversación continuó con un reparto de flores, sobre la calidad de la selección española y lo bien que lo está haciendo el equipo nacional argelino, casi clasificado para la final de la Copa del Mundo en Sudáfrica. Luego entramos en los detalles del partido. Quedaron en recogernos el viernes a las tres y cuarto de la tarde en el Hotel Mercure para llevarnos al estadio de Protección Civil de Bab Ezzouar. Me aseguró que el campo estaba muy bien y que contaríamos con buenas instalaciones, nuevas, que incluyen un hammam para después del partido. Y acabó con una invitación muy de agradecer:

- El partido empezará a las cuatro y cuando acabemos, a las seis, os invitamos a un mechoui de cordero, al lado del estadio.

Yo no sé muchas veces cómo tomarme las invitaciones en Argelia. Hay gente que promete mucho y luego se queda en nada. Y otros que te superan con su atención y amabilidad. Youcef y Sofiane son de estos últimos, así que di por supuesto que tendríamos una camiseta para jugar y un cordero asado para cenar, aunque me guardé muy mucho de prometer a quienes conmigo iban a jugar que dispondríamos de todo ello. Hasta el último momento les fui diciendo que igual todo se quedaba en un peto prestado y unas brochetas de cordero.

No lo he contado todavía, pero la realidad es que el balón y yo no nos entendemos demasiado bien. No sé jugar al fútbol, no sé detener una pelota, no sé chutar, no sé nada; y mi forma física tampoco me permite hacer de perro de presa marcando a un contrario. No organizo el partido para poder jugar, sino por lo mismo que hago tantas otras cosas, por ayudar a mejorar la calidad de vida de los expatriados y sentirnos un poco más a gusto en Argel. Como no tengo sentido del ridículo, no me importa corretear por el campo unos minutos y ganarme por unanimidad el premio al peor jugador del partido; es más, me divierte participar de un sarao de este tipo. Ya me ha tocado jugar al mus sin tener ni idea de las señas, para desesperación del compañero de juego, como para que me acobarde vestirme de corto. Y si hay que hacer un poco de teatro en el suelo, fingiendo una lesión, se hace.

Volviendo a la narración de los preparativos, a partir de la invitación formal al partido el problema estribaba en encontrar gente suficiente para formar un equipo… y que se lo tomaran en serio. Y eso no salió del todo bien. La intención era contar con 18 jugadores, incluidos algunos que, como yo, no saben darle al balón, pero que tuvieran ilusión por formar parte del grupo y compartir una tarde gastronómico-deportiva. Pero en el momento de iniciar el partido éramos ocho más una acompañante que por nada del mundo se prestó a ser la novena jugadora. Los argelinos se mostraron encantados con nuestra escasez de medios humanos, porque así pudieron incluir en el partido a cuatro amigos y familiares que no forman parte de la antigua plantilla del Mouloudia de Argel. Posteriormente, con el partido empezado, llegaron dos jugadores más de los nuestros, para poder hacer cambios. Eso sí, los cambios eran entre españoles, porque los argelinos sobre el terreno no se dejaban sustituir. A uno de ellos le obligué a ser cambiado y al poco rato el que hacía las veces de nuestro portero, que hacía y deshacía a su antojo, lo hizo regresar al terreno y pasamos a jugar con doce.

El resultado final fue una digna derrota por cuatro goles a dos. Y un reto para tomarnos la revancha el día 13 de noviembre, en tres semanas, con tiempo para sustituir a los ocho que no se presentaron al partido por otros y para estar un poco más en forma.

No he narrado el partido, porque es lo de menos. Más interesante resulta contar que la historia no se acabó ahí, porque nos habían hablado de un mechoui…

2 comentarios:

Señor dijo...

El en próximo me apunto (si me pilla por allí)

Salu2

jpgrm dijo...

José Antonio si para la revancha te falta gente cuenta conmigo
jpgrm@hotmail.com