martes, 21 de julio de 2009

La gotera

Desde el mes de febrero pasado había notado que una de las dos cisternas de agua de mi terraza, en mi apartamento de Argel, tenía una pequeña fuga por la válvula de aire. En los momentos de mayor presión había un finísimo goteo de agua que descendía por la fachada y ya en el suelo de la terraza se iba por el sumidero, si no se evaporaba antes. Conforme fueron pasando las semanas la gota fue a más. Cuando en mayo dejó de llover casi todos los días, algo muy habitual en el invierno de Argel, pude apreciar que ya no se evaporaba la gota, sino que al formar un hilo de mayor caudal acababa desembocado en el sumidero. Se lo comenté a mi propietario, que no prestó mayor atención al tema.

A finales del pasado mes de mayo sube a mi casa el propietario del piso inferior al mío, para decirme que en su casa hay una gotera procedente de mi terraza. Le quise dar el número de teléfono de mi propietario, pero insistía en que le bastaba con decírmelo a mí, que quien vive en el piso soy yo. Lo que él no tenía en cuenta es que yo también llevo un tiempo en Argelia y me sé casi todos los trucos. Un argelino te da largas y si le es posible no te hace la reparación, si cree que otro acabará haciéndola; mientras, un extranjero intentará evitar problemas y no se complicará la vida por dinero: llamará al fontanero, arreglará los daños en el piso, y te pagará lo que le digas que te ha costado la reparación, a precio europeo aunque en realidad la haya hecho tu primo de la Casbah. Eso, aunque no sea culpa suya.

La experiencia es un grado. Una cosa es que me haga el tonto de vez en cuando y otra muy diferente que lo sea. No tragué y le dije que mi función se limitaba a permitir que se accediera a mi casa para hacer la reparación, que avisaría en su nombre al propietario. Por otra parte, como vivo sólo me es suficiente con una cisterna y me ofrecí a que entre los dos cerráramos la llave de paso de la que perdía agua.

Lo de cerrar la llave de paso no resultó, porque la llave no cerraba bien y durante los días siguientes el goteo se acabó convirtiendo en un pequeño chorro de agua desde la espita dejada libre por la válvula. Y un día sube de nuevo el propietario del séptimo piso, debajo de mi apartamento, para decirme que la gotera ha ido a más. Fuimos a su vivienda y la cocina era lo más parecido a una cueva, con goteras desde diferentes puntos del techo. Un efecto lluvia muy bonito, pero no dentro de un apartamento. Me dijo, como amenaza encubierta, que iba avisar a la policía. Le respondí que muy bien, que si eso funciona en Argelia que lo hiciera, que yo les podía simplemente facilitar el nombre del propietario de mi vivienda, porque sus datos completos constan en el contrato de alquiler; pero que en España no se avisa a la policía, sino al seguro. Y le dije que si quería le podía dejar que preparara la cena en mi casa. Con todo esto se acabó convenciendo de que el “gueuri”, no era un pardillo, que una cosa es ser extranjero y otra idiota. Desde mi teléfono habló con mi propietario y quedaron en arreglarlo.

A la vuelta de Palma me fije u poco más en la situación y comprobé que cuando la presión de agua era muy fuerte y rebosaba la válvula, también lo hacía en algún otro lugar, porque la cañería de desagüe de aguas pluviales sonaba con ruido de llevar agua. Hablé de nuevo con mi propietario y me dijo que, efectivamente, en mi ausencia había estado en mi domicilio y que, además de beberse dos de mis cervezas había hecho subir al vecino para mostrarle cómo su gotera procedía de la cañería de aguas pluviales, porque en el tejado del edificio hay una fuga. Al día siguiente vino mi propietario y arregló la válvula estropeada en mi cisterna, para que nadie pudiera decir que es culpa de mi vivienda.

Ahora los días pasan y la avería general va a más, sin que nadie tome medidas. El vecino que vive encima de mi casa, cuyo apartamento es como una caseta del ático mejorada, sufre la gotera, aunque supongo que en su caso es toda una bendición divina para que de vez en cuando se puedan duchar el matrimonio, los hijos y el perro y así oler mejor. O no tan mal, para ser más preciso. Cada vez que en la ciudad dan el agua se oye el escape y últimamente incluso cae sobre mi terraza una lluvia muy fina, del agua que el viento ha levantado. Corro el peligro de que algún día acabe reventando la tubería, se inunde el piso del vecino de arriba y me caiga el agua a caudales hasta el salón. O que me dejen quince días sin agua. Ya me amenaza una mancha de agua en el techo de la cocina. De todas formas, tengo la impresión de que ya afectado el fin de semana a unas antenas parabólicas instaladas en el tejado. Y como quedarse sin agua es para algunos una simple faena, pero hacerlo sin tele resulta intolerable, tomarán medidas bien pronto.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Casos como este es cuando yo le digo a mi chico,argelino, VIVA ARGELIA,(ironicamente...) y se parte de risa,sabes que llevo razon.... ay dios!
Cristina

José Antonio Doñoro  dijo...

Aquí, cuand alguien descubre que estas cosas son habituales en Argelia, le decimos: Bienvenue en Algérie"