martes, 29 de septiembre de 2009

Adoptar un hijo (y 2)

Comienzo esta segunda parte contando una anecdota. La primera vez que vine a trabajar a Argel me indicaron que al lado de mi oficina había una pouponière, adonde acudían las familias para adoptar. Mi vocabulario de francés tampoco era excesivo y confundí pouponière con pepinière, que no es un campo de pepinos, sino un vivero de flores y plantas (también de pepinos, llegado el caso, pero esos se cultivan más bien en una huerta). Mi interlocutor seguía hablándome de esos padres que no tienen hijos y acuden al lugar y yo me extrañaba de que en Argelia las gentes adoptaran una planta, a la que por mucho que riegues y cuides nunca puedes llegar a querer como a un vástago. Tardé un buen rato en darme cuenta de mi error.

Las inclusas se nutren fundamentalmente de hijos no deseados. Ser madre soltera está muy mal visto en Argelia e implica un estigma de por vida. Muchos casos se resuelven como antiguamente en España, con una boda rápida, de esas que se llamaban “casarse de penalty”. Pero no siempre es posible. Existen casos en los que no desean casarse, uno de ellos ya está casado, ella no quiere interrumpir sus estudios cuidando a un bebé, se ha producido un incesto... la casuística es enorme. Se dice que en Argel las inclusas se nutren en buena parte de los niños entregados por madres jóvenes solteras que viven alejadas de su familia por razón de estudios y que han probado a disfrutar de un estatus de vida superior en convivencia con un hombre mayor, o que en su sexualidad se han aplicado con más intensidad a la promiscuidad que al cuidado en los métodos anticonceptivos.

Hay más padres deseosos de adoptar que niños que precisen ser adoptados. La gente es, en general, mucho más generosa y solidaria en Argelia que en España y nunca faltaría un hogar a ningún niño si tan solo se anunciara que se necesitan unos padres para unos recién nacidos. No obstante, el Estado tiene que cumplir con una labor de tutela que, en el caso argelino implica, como siempre, un exceso de celo burocrático. Ahí entra también la selección de los mejores padres posibles para cada niño. Dejando a un lado los enchufes, el recurso a conocidos, que no es exclusivo de Argelia, se exige el cumplimiento de una serie de condiciones que yo veo lógicas. La primera es que se trate de una familia estructurada, que responda a los parámetros de una familia normal, con un padre y una madre que en la vida real podrían haber sido los progenitores del niño. Las diferencias raciales dentro de Argelia son importantes y para un niño con rasgos tuareg, de piel oscura, casi negra, se le busca unos padres racialmente compatibles, si se me permite la expresión.

He oído quejarse a extranjeros por el hecho de que se tenga que ser musulman para adoptar. Sin embargo, yo lo veo razonable. Una pareja cristiana o atea, o una soltera hunduista pueden sin duda ofrecer el mismo cariño al niño. Pero si en Argelia se considera que la fe es un valor, que la forma más correcta de manifestarla es siendo musulmán, que la mejor estructura familiar es la de una pareja heterosexual (inicialmente había escrito "homosexual", por error, pero los lectores me han corregido) y monógama, lo normal es que sea a quienes cumplen con estas condiciones a quienes el Estado confíe preferentemente la adopción de los niños entregados a su custodia. Si sólo se valorara el poder ofrecer a los hijos la mayor cantidad de bienes materiales, únicamente los más ricos adoptarían niños.

No todos los niños son “adoptables”. En zonas como Tlemcen existe un problema de cosanguinidad bastante llamativo. El elevado número de deficientes mentales salta a la vista. No es un hecho exclusivo de Argelia, porque en la España profunda también se sabe mucho de esto. Además, en Argelia sólo afecta a grupos étnicos muy encerrados en sí mismos. En estas familias con una patología mental severa se producen muchos más casos de abusos e incestos, de relaciones sexuales entre hermanos o entre padres e hijos, hasta descubrir que “la niña” está embarazada de cinco o seis meses. Un niño que no está sano suele permanecer bajo la tutela del estado, que le proporciona educación y una formación bastante básica, hasta que puedan valerse en la vida, en una triste vida, por sí mismos.

6 comentarios:

Iman dijo...

Hola Jose Antonio. Hace unas semanas que leo tu blog. Me parece muy interesante, sigue escribiendo!
En cuanto al texto, creo que en vez de pareja homosexual, querías decir heterosexual? Porque sabiendo de que se trata de Argelia, algo no cuadra ;)
Un saludo desde el Sur - para tí el Norte, jeje.

Nuredduna dijo...

José,
no voy a dar mi opinión sobre este asunto, pero te digo que deberías tener más cuidado con tus afirmaciones. La siguiente es insultante para muchísima gente: "una familia normal, con un padre y una madre que en la vida real podrían haber sido los progenitores del niño". ¿Normal es un padre y una madre en tu opinión? Mil veces preferiría yo una madre soltera o una pareja homosexual que una pareja que se ha casado "obligada" por la familia, que es el caso de Argelia. Hoy en día existen pocas familias, como tú dices, "normales"...

Anónimo dijo...

Que la mejor estructura familiar en Argelia es la de una pareja homosexual y monógama????? Creo que se te ha resbalado el dedo en el teclado, Jose Antonio, ja, ja.

José Antonio Doñoro  dijo...

Gracias, Iman y anónimo, por advertirme del error. Ya está corregido.

Nuredduna, yo no he dado tampoco mi opinión sobre el asunto. He explicado cómo funciona en Argelia. Y los niños se entregan en adopción a parejas que en la vida real podrían haber sido los padres biológicos del niño, sin considerarse si el matrimonio fue o no convenido. No adoptan personas solas, ni muy mayores o muy jóvenes. Se busca una pareja que responda a la norma (si no te gusta el término normal) de la sociedad argelina. Y la mayoría de las familias sí responden a ese parámetro.Como me preguntabas mi opinión, yo prefiero tener un padre y una madre que se quieran y se hayan casado libremente, por amor.

Anónimo dijo...

Un saludo Jose Antonio

seronero dijo...

Los argelinos demuestran más sentido común que nuestros gobernantes al excluir a los homosexuales de la adopción, hecho que está avalado por más del noventa por cien de los paises de la tierra, pues no todos han perdido la noción de la lógica natural.