jueves, 16 de octubre de 2008

Patinador

Escribí este comentario hace varias semanas, pero se me olvidó colgarlo. Me refiero en él a uno de tantos amigos del blog. No doy su nombre, no quiero dar pistas innecesarias. Simplemente, que es hombre, joven, titulado superior y vive en España. Como ocurre con todos los que me escriben, es encantador, una persona majísima que se desvive por ayudarme cuando me encuentro mal y que además lo hace de todo corazón.

Finalizó sus estudios en España y, aunque ha trabajado en Argel, acabó aceptando una oferta de trabajo y vive en una ciudad castellana. Para él, lo más difícil es la separación de su esposa, porque ella estaba en Argelia y no resultaba fácil completar los pasos legales que le permitieran alojarla con él. No obstante, cuando me escribió ya había hecho planes y estaba a la espera de que le concedieran un visado para pasar unos días con él. En un de sus correos me lo contaba de esta forma:

Creo que mi mujer estará aquí a mediados de octubre. Tengo muchas ilusiones de estar con ella y desarrollar juntos cosas que nunca podíamos hacer en Argel: salir a pasear por la noche, irnos en bici, patinar juntos… Me gusta patinar, patinar me da una sensación de luchar contra el aire, contra un futuro desconocido que siempre he vivido en Argel. Vivir en Argelia da una sensación de prisión, de agobio, debido a la dura rutina, difícil de romper. Los que hemos estado fuera de Argelia tenemos la responsabilidad de transmitir al pueblo argelino las experiencias que hemos vivido en el extranjero.

Estas son las cosas que me llegan al corazón, no lo puedo remediar. Por eso le he pedido permiso para publicar esta parte de su correo de mediados de septiembre, en Ramadán. Ese agobio que describe de la vida de Argel la sentimos todos. No ayuda nada a quitársela de encima la presión policial y la enorme cantidad de controles en los que hay que ser chico bueno, decir que sí a lo que se le ocurra al policía si le da por pararte y echar una bronca en función de su estado de ánimo y ganas de molestar a un conductor. Tampoco ayuda la dureza del carácter argelino, que genera más tensión. Son todos ellos factores que, unidos a otros varios personales y laborales, me han llevado a enfermar y estar un tiempo de baja médica. Y esto mi amigo lo resuelve muy inteligentemente mediante el patinaje.

Yo, en cambio, en Argel disfruto de la compañía de la gente. Me encanta realizar descubrimientos, introducirme en la vida de los argelinos y hacerlo en compañía de alguien que se encuentre como yo. De alguna forma, cuando no se trata de una novedad para mí intento compartir el descubrimiento de quien me acompaña.

Mucha suerte, amigo, con la llegada de tu esposa. Espero que patinéis mucho, con la seguridad que te da saber que te acaban de renovar el contrato e incluso te ascienden de categoría, como me contaste el otro día.

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