domingo, 22 de febrero de 2009

De prestado

Esto de que estés pagando Internet en casa y que no funcione produce un doble efecto: de una parte, la sensación de que te están timando y sin posibilidad de que se resuelva como en un estado de derecho: reclamando tu parte para resarcirte económicamente; y por otra, que tengas que recurrir a los amigos para conectarte a Internet.

Me quedarían siempre otros recursos, pero ninguno me convence. A mi oficina puedo acudir fuera del horario de trabajo, pero me resulta ya de por sí desagradable mantenerme en el puesto durante la jornada laboral, viendo pasar las horas sin que se me encomiende ningún trabajo relacionado con mi cargo, como para pasarme aún más horas ahí encerrado. Otra solución es ir a un cibercafé, pero entre los teclados azerty (unos con teclas en àrabe cuando se intenta realizar alguna combinación de letras, otros sólo en francés y la mayoría con un teclado desgastado en el que resulta imposible adivinar lo que surgirá en la pantalla cuando se teclee) y los mosquitos que por la noche me masacran, no estoy muy por la labor. Total, que al final recurro a los amigos.

Por cierto, al no tener acceso a Internet no pude remitir mi felicitación de cumpleaños a Ismael, nuestro juya (hermano en árabe) extremeño de Yakarta. Hace exactamente un año lo celebramos por todo lo alto en el Aerojuya (perdón, el Aerohabitat) y recuerdo que es del mismo día que mi hermano, del 19 de febrero. Supongo que un tirón de orejas con retraso no le enfadará al nuevo treintañero.

Y es así como ahora también escribo este comentario en casa ajena...

Este fin de semana argelino, de jueves noche a sábado, ha resultado bastante movido, interesante. He tenido mi primera clase de yoga (prometo comentarlo), un intento de montar en el teleférico de Blida a Chrea, la fiesta de UGT (mi doblemente compañero Anton nos ha visitado) y varios descubrimientos por la ciudad.

Como una amiga que firma "Maica" me ha dejado un comentario en el post de ayer, añado un lugar de Argel digno de ser visitado. Está en el número 69 de la calle Hassiba Ben Bouali, cerca de la Plaza del Uno de Mayo. Se trata de una tienda de regalos, llamada precisamente "La Maison des Cadeaux", si no recuerdo mal. Para aquellos a quienes haya hecho gracia alguna vez mis comentarios sobre el gusto hortera tan común en Argelia, creo que se trata de una visita imprescindible. Ya a la entrada nos recibe una estanterías cuyas patas son giratorias y hacen que las baldas, de plástico negro, se muevan socilando de acuerdo con un pequeño motor eléctrico. Luego están las plantas de plástico para colgar de las paredes, los relojes de colores estridentes, peluches con el "I love you" en rojo enmarcados en un corazón, los cuadritos con purpurina dorada y versículos del Corán, paisajes a relieve en un collage de piezas metálicas brillantes para adornar la habitación principal de la casa, vasos de cristal con flores enormes estampadas,... Yo no he visto nada igual y creo que debería figurar en las guías turísticas. Cuando mi amiga se acerque en verano desde su tierra almeriense al M'Zab para la fiesta de la circuncisión de su hijo pequeño, supongo que se parará unos días en Argel. Y le tengo que llevar a esta tienda.

Por lo demás, me he sentido muy bien y muy a gusto. Nada de depresión, nada de agobios, contento conmigo mismo. A la dieta le he dado un pequeño descanso, porqueno me he privado de todo lo que me ha apetecido. Tenía ganas de probar unos crêpes que hacen en la zona de Messonnier y puedo ahora decir que me gustan más los de Bab el Oued. A cambio, he localizado dos lugares en los que los pinchos morunos son bastante buenos.

Pido perdón por lo desordenado del comentario. Pero en ordenador ajeno, de prestado, con la sensación de estar abusando de laconfianza de un amigo, no es lo mismo.

2 comentarios:

maica dijo...

Me alegro de vert cada día mejor.

Y lo de sustraer internet a tus amigos tiene su aquel, asi estas siempre acompañado.

Yo la verdad de bajon, en un mes he visto al hombre de mi vida 1 hora.Y lo llevo regular.

Un besito.

José Antonio Doñoro  dijo...

Hola.
La próxima vez átalo a la pata de la cama. O sácate el carnet de camión y te vas con él a Marruecos.
Un beso.