sábado, 24 de mayo de 2008

Las verdades del borracho

Siempre se ha dicho que los ni�os y los borrachos dicen la verdad. De esa forma, mi comentario de hoy tiene un valor especial. No lo ha escrito un ni�o (bueno, s�, yo; pero ese es otro tema?), sino un servidor bajo los efectos de un exceso de alcohol et�lico en sangre; esto es, borracho.

Explico primero las circunstancias. Estaba en Vigo, invitado unos d�as por un amigo holand�s. Pregunt� a una gallega que trabaja en Argel, de la que me constaba su buen gusto en la mesa, que pocos conocen y que confirmo, por alg�n sitio que fuera digno de ser recomendado. Me indic� dos, Casa Esperanza y Taberna A Piedra. Y en el primero de ellos, de calidad excelente, decid� regar mi comida con un buen vino. No soy bebedor habitual de bebidas alcoh�licas, los que me conocen ya saben que lo m�o es un amor apasionado por la Coca Cola. En mis viajes por Galicia suelo disfrutar de un simple Ribeiro, de no muy alta graduaci�n y no muy caro, que no se me sube a la cabeza; siempre vino blanco, porque la acidez del tinto no me gusta. En esta ocasi�n los vinos de la carta eran todos buenos y la palabra Ribeiro no estaba presente. Tampoco, me extra��, Albari�o, qu� es de la provincia. Pregunt� por esa ausencia, pero me explicaron que ese es el nombre del tipo de uva, mientras que la denominaci�n de origen de los caldos es Ribeira Baixa. Puedo asegurar que un Albari�o, un Ribeira Baixa, un vino blanco de la provincia de Pontevedra, como quiera denominarse, es suficiente para que un var�n de 77 kilos de peso no habituado a beber vino se emborrache.

Y en ese estado, como necesitaba descansar media hora para no perder el equilibrio si me pon�a de pie, solicit� un papel y un bol�grafo para escribir el comentario en el blog del d�a siguiente. Ten�a ya decidido de antemano que iba a escribir sobre el paralelismo entre la buena mesa de llos restaurantes de Argel y los de Espa�a. As� que no necesit� de mucho esfuerzo para dejar escritas las l�neas que transcribo:

No hay color. En La Madrague podr�a permitirme acudir todas las semanas, porque con mi sueldo soy un privilegiado en Argelia. Venir a Casa Esperanza es una vez en la vida. La diferencia est� en que el servicio es infinitamente mejor, aquello de Argel es como un chiringuito y esto equivale a ir a cenar a El Patio, del Sheraton. Pero da igual, cada lugar tiene su encanto y vivir en Argel es una experiencia �nica, que marca para siempre. No se viene para disfrutar de los restaurantes que en Espa�a no est�n al alcance del bolsillo de un trabajador, sino que viviendo en Argel se tiene adem�s el aliciente de sentirse parte den una �lite que puede disfrutar de esas circunstancias. Es lo mismo que quien va a las cataratas Victoria y compra por un euro una mano entera de pl�tanos.

A quienes me preguntan por la posibilidad de venir a trabajar a Argelia les suelo decir que lo acepten sin dudar, siempre que la experiencia no supere los dos a�os. Lo mismo ocurre con quienes vienen de becarios a trabajar a mi oficina. No encontrar�n los maravillosos carnavales de R�o, los viajes al coraz�n de la vieja Europa de Viena, el exotismo de cualquier destino de Extremo Oriente o la experiencia de vivir en el otro extremo del mundo de Sydney. Pero ofrece una mezcla perfecta, un destino al que de otra forma no se puede viajar, que est� al lado pero a la vez muy lejos culturalmente, que permite viajar al interior de cada uno para valorar lo que tenemos en el primer mundo (creo que para las chicas es a�n m�s provechoso, al constatar cu�l es el punto de partida de ser mujer en el mundo isl�mico). Y, adem�s, es un reto profesional tan dif�cil que sobrevivir en Argelia significa estar preparado para cualquier trabajo. Se necesita, eso s�, gozar de buena salud mental y tener la cabeza en Argelia para disfrutar de cada momento. Ahora tenemos dos becarios en la oficina y yo lo veo en Mariano, si no le molesta que le nombre. Estoy convencido de que ante cualquier reto que se le plantee en el futuro sabr� salir a flote y triunfar. Lo malo es que su beca se llama ?de formaci�n? y lo de la formaci�n no depende del pa�s. Tengo mi opini�n personal que no voy a publicar ni borracho, nunca mejor dicho.

S�, Argel es un destino maravilloso? pero no para quedarse.

Ayer le escrib� un correo a Maya, de qui�n escrib� hace unos d�as, cont�ndole mi experiencia gallega y mi sensaci�n de estar dejando que en Argelia la vida se me escape entre las manos. Es una sensaci�n que desgraciadamente transmito, porque a mi no me aporta ya lo mismo que a quienes llegan nuevos. Y a veces fuerzo las situaciones buscando alcanzar metas que pueden serlo para mi, pero no para otros. No s� si se lo cont� con tanto detalle, creo que no. Ella me sigue aconsejando que disfrute de los peque�os detalles �nicos, pero es tambi�n mi discurso habitual y conozco las peque�as mentiras que encierra cuando, como en mi caso, se llega a Argel sin fecha de caducidad.

No sigo, que ya he interrumpido tres veces la escritura para ir al ba�o. Y es que el 12,5% del contenido de la botella es alcohol y dicen los expertos que va a la sangre, pero el 87,5% restante acaba en la vejiga.


No he querido alargarme m�s y he respetado el texto completo, con sus fallos. Y lo dejo como demostraci�n de que mantengo mi discurso incluso borracho.

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